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Oso, Pancho, el perro callejero

perro-callejero                    (perro callejero: http://www.panamapet.com)

 

A los seis meses de edad, mientras vagaba por el barrio antiguo, un automóvil le aplastó una patita. Lloró demasiado de dolor, pues casi la pierde en el incidente. Pancho anduvo cojo cuatro meses, obligado a reaprender a caminar sólo con tres extremidades. Al inicio se esforzó bastante para entendérselas sin su pata trasera derecha, pero era listo y fuerte, volviéndose muy rápido a pesar de su deficiencia, al punto de parecer que había nacido así.

Hasta que un buen día, de repente recuperó el movimiento de la pata y logró apoyarse de nueva cuenta en ella, como si nada le hubiera pasado, sorprendiendo a los vecinos y a los comerciantes. Logrando su admiración y respeto. Volviendo a correr por las calles tras otros perros, peleando con ellos, siguiendo el rastro a las tortillas y huesos que arrojaban en los botes de basura del mercado. Todo el mundo lo conocía, unos lo querían, otros lo admiraban y otros más lo rehuían, porque era fiero y bueno para las peleas.

Pancho no fue siempre un animal callejero y sin dueño. Hubo un tiempo, cuando era un cachorrito, en que unos niños lo cuidaban, le arrimaban sus croquetas y sopas con caldo de pollo. Le ponían una cajita de cartón con periódico para que se durmiera por las noches y le acercaban su traste con agua de la llave para que bebiera. Lo llamaban Pancho a veces, y en otras ocasiones: Oso, con cariño. Parece que tenía dos nombres. La gente del vecindario comenzó a llamarlo de la misma manera: Pancho y Oso.

“Un día te voy a llevar conmigo…” Le decía a veces una voz muy bonita entre sus sueños, mientras dormía profundamente, en la banqueta, enroscado sobre su caja de papeles.

A la mañana siguiente se habían ido para siempre los chiquillos que lo cuidaban. Estaban desalojando su vecindad y la mamá tuvo que salir casi huyendo junto con los niños, pues en breve la construcción sería demolida para poner un supermercado.

De pronto Oso, siendo un cachorrito, se encontró por completo solo sin nadie que le acercara su comida, su agua, ni le preparara su cama todas las noches.

Tuvo que aprender a sobrevivir, a cruzar las calles sin que lo aplastaran los autos, lo que casi le costó su pata, a defenderse de otros perros abusivos y de algunas personas que gozaban arrojando piedras y lastimando a los animales.

A veces volvía a aparecer la voz en sus sueños que de nueva cuenta le decía: “Un día voy a venir por ti y te voy a llevar conmigo”. Pero Pancho no sabía lo que significaban esas palabras, ni tampoco que eran de mujer. Sólo le resultaban cálidas y cariñosas, y a él le agradaba escucharlas mientras se arrullaba en las noches debajo de un auto abandonado.

Una tarde se metió a una fábrica de juguetes que había en el barrio, atraído por el olor a sangre menstrual de una pastora alemán encargada de cuidar el lugar. Ni siquiera dudó en subirse encima del lomo de la hembra y penetrarla con soltura. Ambos animales disfrutaban y se desfogaban, al punto de alcanzar en breve el éxtasis sexual, comenzando a convulsionarse felices.

En eso rompió su inspiración un grueso tubo que se estrelló sobre su lomo, haciéndole perder su erección y dejando de encontrarse dentro de la perra. Aullando terriblemente. El mecánico siguió golpeándolo con el artefacto sin piedad, al parecer molesto de que un perrito criollo como Oso preñara a la fina hembra.  El dolor en su cuerpo le impedía salir huyendo a través del orificio del alambrado por donde entro con anterioridad, haciendo que el hombre se ensañara mucho más, hasta casi matarlo. Pancho chillaba y aullaba, arrastrándose en un charco de sangre, atrayendo a las vecinas que gritaron al individuo para que se detuviera.

Entonces entró ella: rauda y decidida, deteniendo el arma con sus manos, antes de que esta acabara de matar a Pancho:

– ¡Déjalo Cabrón…! ¡Ponte con uno de tu tamaño!

El mecánico se amedrentó con los regaños de la muchacha. En el suelo yacía Oso bañado en sangre, arrojando líquidos por el hocico, por el ano y las orejas.

-Ven chiquito… Yo te voy a llevar conmigo.

Ella lo cuidó durante varios días, lo bañó, le cortó sus uñas y curó sus heridas.

Cuando estuvo por completo aliviado, lo envolvió en una cobija y lo llevó hasta su cama.

Oso la miraba con agradecimiento, con unos ojitos cafés que chispeaban amor y felicidad. Moviendo su rabo y echando sus orejas para atrás. Realmente había aprendido a amarla.

-Ya no estarás solo en la calle, ni nadie te va a volver a lastimar…” Extendió una cobija sobre él, se arropo también ella y lo abrazó hasta que se quedaron dormidos.

 

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El Terapeuta Lírico, o algunas razones por las que puede que tu psicoterapeuta no te esté entendiendo del todo bien.

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                                  Sinergia: https://rehabilitat.wordpress.com/tag/terapeutas/

Por: Adán de Abajo

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Actualmente muchos psicoterapeutas ejercen su oficio sin ser psicólogos o sin haber recorrido previamente una licenciatura en psicología, ocasionalmente ni si quiera una carrera universitaria. Inclusive hay terapeutas que de base formativa no tienen nada que ver con la psicoterapia. Sobre todo en diversos sitios de América Latina, donde las restricciones son poco claras o de plano no existen. En muchas partes se ofrecen cursos en línea, “certificaciones” en cualquier cosa imaginable y másters para los que no es necesario poseer licenciatura ni título universitario si se desea inscribirse y cursarlos. Mientras se cubra sus cuotas. Bastante gente se ha formado como psicoterapeutas o se sigue preparando en ello, sin poseer un título universitario como requisito, con tan sólo alguno de estos cursos, frecuentemente breves y accesibles. De manera que en el mercado de la psicología, hoy por hoy, cunden cantidades de profesionales quienes ofrecen sus servicios de ayuda, algunas veces con licenciaturas y posgrados rigurosos que los respaldan (lo cual de todos modos no garantiza nada), otras de plano sin ellos, y otras más, proviniendo de campos del conocimiento muy alejados del desarrollo humano o la psicología. Lo cual a veces es positivo, pues enriquece y amplía el campo de la psicoterapia, no pocas veces bastante miope.

Y en algunas situaciones más, los psicoterapeutas provienen del completo autodidactismo y del aprendizaje de la vida. Quizá con algunas cuantas lecturas encima, otras ni siquiera con eso. Sustentados en sí mismos nada más.

A veces, tristemente, estos terapeutas líricos pueden superar por su sencillez, experiencia de vida, conocimientos y practicidad a aquellos quienes han invertido décadas de estudio y miles de dólares en su formación, pero resultan incapaces de resolver el más mínimo problema cotidiano, hasta en sus propias existencias -No siempre es así, claro está. En todo hay excepciones. Mostrando la distancia de años luz presente y creciente entre la educación formal que se oferta y vende en cualquier institución educativa que se quiera, en muchos casos costosísima, y las necesidades del día a día de muchas personas.

Por esto mismo: al elegir a un psicoterapeuta o al buscar ayuda psicológica, nunca te fíes demasiado en sus títulos académicos ni en los lugares donde dice él o dicen sus fans que los ha obtenido. Porque, en primer lugar, eso no garantiza que te pueda servir a ti en tu problema concreto personal, ni mucho menos que además sean reales o verdaderos dichos papeles. O que por casualidad no los haya adquirido piratas.

Pero tampoco te asustes si de pronto descubres que tu psicoterapeuta es autodidacta, no está titulado de su licenciatura, dejó trunca la universidad, la abandonó a la mitad o no cuenta con ningún título. Como los llamamos nosotros: terapeutas líricos. Aquellos que no estudiaron formalmente, pero ejercen la psicoterapia y a veces adecuada y exitosamente. Dales tiempo a cualquiera de todos ellos: tanto a los que dicen -o se dice, que han estudiado mucho en sitios prestigiosos, como a los que puedan haberse formado por sí mismos y bajo propia cuenta. Bríndale la oportunidad aunque sea de primer inicio a quien hayas elegido, al fin y al cabo ya lo hiciste y por alguna razón, hay qué descubrir más adelante cuál es.

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Fíjate que de verdad y realmente te escuche. Esto es quizá más importante que si estuvo en algún sitio del Viejo Mundo o de Estados Unidos realizando un post doctorado o una certificación en quién sabe qué retruécanos raros.

Para saber si realmente te escucha, verifica su mirada constantemente. Te mirará directo a los ojos por lapsos prolongados de tiempo, con mayor intensidad cuando tus palabras desvelen los rincones más oscuros y heridos de tu corazón. Aquellos que a nadie o casi a nadie más que a él hayas expuesto. Te dará tiempo de formular tus propias ideas y expresarlas. No te interrumpirá a menos que sea necesario. Esperará a que te desahogues y expongas con tus palabras tu situación. Luego hará sus intervenciones concretas, sencillas, accesibles y te preguntará, sobre todo, qué opinas de lo que él o ella piensa de ti. Sin imponer su punto de vista.

Una mala señal de la deficiente  capacidad de escucha de un psicoterapeuta es la tendencia a hablar en exceso de sí mismo, de lo que sabe o de lo que dice que ha leído. No es que esté mal que un terapeuta retome ejemplos de su propia experiencia y los utilice como metáforas válidas para ayudar a sus pacientes. Psicólogos con mucho peso en la historia de la psicología como Albert Ellis recomiendan y aprueban como válido el uso de la propia experiencia a manera de ejemplo en el ejercicio de la terapia. Pero algo muy distinto es pasarse la mayor parte de una sesión, la cual por cierto está pagando su paciente, hablando de sí mismo. Esto más bien muestra que no lo está escuchando y no está mostrando un interés demasiado evidente por su historia, menos por su problemática.

Entonces, te recomendamos: considera alejarte de aquellos terapeutas que hablen excesivamente de sí mismos, de lo que saben o dicen que saben, o que de hecho no te permitan hablar lo suficiente o lo que necesitas para sentirte cómodo. Aunque pueda impresionarte de inicio con sus conocimientos sobre literatura, cine, mitología o psicoanálisis.

Un buen terapeuta, contrariamente, antes de tomar la palabra y buscar protagonizar el diálogo, buscara estimular que te expreses y describas lo más posible tu problemática. Querrá enterarse de principio a fin y con sumo detalle de cuál es tu situación y en qué consiste, con pelos y señales, tu problema.

Más que buscar tener la palabra, te formulará preguntas, buenas preguntas.

En conclusión, fíjate no en cuánto sabe tu psicólogo, cuántos conocimientos tiene, cuántas películas ha visto y lugares ha recorrido, sino en cómo te mira, qué tipo de preguntas te hace y qué interés muestra por ti. La terapia es una actividad investigativa y el verdadero terapeuta indagará sin descanso en tu historia y tu vida antes de dar su opinión y ponerse a hablar. Una terapia no es una ida al cine para conocer las aventuras del experto ni mucho menos una conferencia informativa para que el terapeuta se luzca con todo lo que sabe. La terapia debe ser una actividad completamente enfocada en ti.

Una mermada capacidad de escucha puede indicar que quizá quien necesita más la atención psicológica es el profesional que sólo desea hablar y no escuchar, y no tú.

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El respeto va de la mano con no hablar más de la cuenta y no imponer sus puntos de vista y opiniones sobre sus pacientes.  Aléjate lo más rápido posible del terapeuta que pretenda sobrepasar la relación profesional contigo: invitarte a salir, invitarte a su casa, o querer ir a la tuya. Obligarte a hacer algo que él considera que te serviría pero a ti te incomoda o va contra tus principios y valores.

Aquí el objetivo terapéutico está perdido desde hace tiempo, nunca existió, y su interés no es tu salud ni bienestar, sino, probablemente, su placer o deseos personales.

Por otra parte, un buen terapeuta jamás dice a alguien directamente lo que tiene o debe hacer.

Un pésimo terapeuta es el que te dirá de inmediato lo que debes realizar o decidir, llegando a conclusiones rápidas, fáciles y  demasiado directas sobre tu situación.

Observa que además de escucharte no trate de obligarte a hacer lo que cree correcto. Sino que deberá brindarte una gama de posibles soluciones, primero sugiriéndote interpretaciones alternas de tu problemática y después otra gama de posibles soluciones.

Jamás deberá decir: “haga esto.. o debe hacer aquello…”

Un buen terapeuta más bien tenderá a seguir, más o menos el siguiente esquema (aunque no es obligado, si te es útil, reflexiónalo y aplícalo):

  1. Escucharte con calma, paciencia, sin interrumpirte.
  2. Indagar concienzudamente, de principio a fin, sobre tu situación y el origen de tu problema.
  3. Formular preguntas tranquilas, pertinentes que te permitan conocerte y al mismo tiempo te ayuden a entenderte a ti mismo.
  4. No tratará de cambiar tu punto de vista, si no que te brindará una gama de interpretaciones alternativas de tu problema, tras identificarlo, que podrán ser de dos a tres y te permitan elegir por tu propia cuenta la que más te satisfaga para explicarte lo que te pasa.
  5. Con respecto a las soluciones a tu problema, tampoco te las dará como sacadas de un recetario de cocina, sino que igualmente te presentara una serie de opciones entre dos y tres de las que puedas elegir una o dos con las que del mismo modo te sientas cómodo. Jamás imponiéndote, ni mucho menos obligándote a que te inclines por una u otra con la que él se quedaría.

Jiddu Krishnamurti: La Muerte del Observador

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Han de crear ese orden en sí mismos.

es lo primero que deben comprender,

que no pueden pedirle nada al otro,

excepto la comida y el techo.

no pueden pedirlo ni esperarlo de nadie,

ni de sus dioses, ni de sus gurús.

 Nadie puede darles libertad y orden.

Así es que deben descubrir cómo producir ese orden dentro de ustedes.

 

(JIDDU KRISHNAMURTI –La Educación)

 

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Casi siempre sus escuchas y seguidores eran extranjeros, más que nada de origen europeo o norteamericano, los menos consistían en orientales de castas elevadas y clase social alta. Principalmente indios, nepalíes, chinos y sirios provenientes de familias acomodadas.

Ese verano lo pasó en el norte de la India, en un valle empobrecido donde se elevaban penosamente una serie de chozas de campesinos demasiado humildes: criadores de búfalos, cultivadores de arroz e índigo.

A pesar de su austeridad y de lo famélico de sus habitantes, la belleza de los bosques y campos en derredor era fastuosa.

En el centro del valle, al pie de unas montañas bellísimas, se erigía una escuela para niños y adolescentes sustentada por una fundación que llevaba su nombre. Tal como él lo señalara al inicio de sus charlas ese día, hace más de cincuenta años que  visitaba aquel lugar, desde mucho antes de convertirse en un popular orador de  nivel mundial, guía espiritual y maestro. Cuando era apenas un pre-púber  de clase baja que jugaba en las playas y bosques de la India sin preocuparse por nada. Poco antes que los miembros europeos de la Sociedad Teosófica lo encontraran vagando en la costa y creyeran ver en su presencia infantil, la reencarnación del nuevo mesías.

No pasaría mucho antes de que los decepcionara, disolviendo aquella pretensiosa sociedad, donando sus cuentas bancarias a las familias más necesitadas de India y dedicándose para siempre a la reflexión independiente y a la prédica por completo libre de todo credo, iglesia o institución. Decisión que lo convertiría en uno de los personajes a la vez más peligrosos e influyentes del siglo XX. Como él mismo lo señalara: no existe peor enemigo del sistema que aquel que no necesita del propio sistema: quien ha conquistado su libertad interior.

Pero hoy su público constaba principalmente de niños indios, tibetanos y nepalíes, algunos que otros occidentales, asistentes diarios de la escuela fundada bajo su nombre y enseñanzas.

Causaba un fuerte contraste contemplar a los estudiantes bien alimentados y de buen color, aunque también indios en su mayoría, quienes contaban con el privilegio de recibir una buena educación inspirada en la filosofía de vida del maestro que hoy les hablaba, además de sus infaltables tres comidas. En comparación con los escuálidos campesinos, quienes se afanaban desesperados por conseguir el sustento diario para su familia.

Aquella escuela en el Norte de la India estaba financiada con presupuesto de la ONU y de diversas organizaciones europeas sin fines de lucro. Krishnamurti viajaba periódicamente desde su casa en el Desierto de Mojave, en los Estados Unidos, hasta su natal India para dictar conferencias regulares a estudiantes y docentes. Cerciorándose  que en verdad se alentara en aquella institución, no sólo el desarrollo del intelecto, sino el de un espíritu sano, criado en la tolerancia, la sencillez y la pureza interior.

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Aquella mañana uno de los más jóvenes asistentes lo increpó, sin ningún temor, con una sola pregunta de lo más directa:

“¿Porqué queremos vivir…?”

Su interlocutor tenía apenas seis años.

El resto de los estudiantes y docentes estallaron en risas, mofándose de la candidez del chico, pero molestando sobremanera al maestro con sus burlas.

Este tipo de preguntas que no buscaban darle vuelta al asunto principal y que no se perdían en laberintos ni pretendían ensalzar un ego falso, carentes de toda malicia y presunción, eran las que más gustaban a Krishnamurti. Por ello confrontó al resto de su público, rescatando y valorando en justa medida la intervención del niño.

Le dolía muchísimo que un niño tan pequeño, casi un bebé, se preguntara la razón por la que los hombres quieren vivir. Si alguien hacía esa pregunta, señaló Krishnamurti a sus numerosos escuchas, sobre todo de acuerdo a su corta edad, era porque ya desde entonces le parecía que la sociedad mostraba a sus miembros más jóvenes sus lados más bestiales y monstruosos. Que un niño tan pequeño percibiera el sinsentido de la vida era una cuestión grave, de suma preocupación.

Otros niños lanzaron entonces nuevas preguntas:

“¿Cómo puede acabarse con la violencia, la guerra y los males del mundo…?”

Pregunto ahora otro, unos dos años mayor que el primero.

“Debe eliminar la violencia y el mal que hay en usted mismo. Uno no puede arreglar el mundo ni a los otros si no se ha vuelto él mismo un ser realmente pacífico en primer lugar…”

Respondió Krishnamurti.

Ahí estaba gran parte del núcleo de sus enseñanzas. No era posible buscar ningún cambio en lo exterior, ni político, ni religioso, ni revolución social alguna,  mientras no se procurara un cambio interior primero. Es lo más fácil voltear hacia los males externos, los errores de la sociedad y de los otros. Señalar las desviaciones y vicios de los demás. Lo más arduo y difícil es acceder hacia el interior de uno mismo y erigir un orden interno. Percatándose de las propias bajezas, asumiendo las contradicciones con el corazón. Empero, sin esta calma y paz personales previas, no es posible pensar si quiera en un mundo distinto.

Sin la revolución interior, todos los cambios y movimientos sociales estarían destinados a fracasar o convertirse en potencialmente más nocivos que los regímenes u órdenes viejos a los cuales pretendían desbancar para imponerse.

 

3

Krishnamurti recomendaba en primer lugar ser capaz de borrar al Yo, al Observador incesante del Ego, que lo analiza, reflexiona y categoriza todo de manera sistemática. ¿Es posible eliminar al Observador imparable que vive dentro de nosotros? Se pregunta el maestro indio.

Cuando somos capaces de perdernos y dejarnos absorber por nuestras actividades más sencillas y vivificantes: descansar en un jardín, contemplar la tarde, escribir, cantar, dibujar, acariciar a otro ser: sea animal o humano. Sin estar más que simplemente realizándolas, olvidándose del Ego analítico, del Observador, fusionándose sencillamente con las cosas del mundo, sus sucesos y fenómenos. Entonces se capta algo fundamental de la existencia: la no diferencia entre nosotros y el mundo.  Entonces se está bastante cerca de experimentar aquello que se conoce como la verdad, dios o lo que sea que está más allá de lo personal.

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Cuando llegó la tarde, a la hora de comer, el maestro se sintió algo acongojado y triste. Pensó en todos aquellos jóvenes, niños y entusiastas profesores antes de despedirse y mirarlos por última vez ese día. ¿Cuántos de ellos no perderían su ánimo y vitalidad en breve tiempo, cuántos no eran ya ancianos por dentro, a pesar de contar apenas con poca edad, debido a la ambición de éxito, a la búsqueda de reconocimiento y ascenso social, a la cual contribuían los sistemas educativos tradicionales con su adoctrinamiento?

Alguien le hizo una última pregunta, muy certera y precisa, bastante ad hoc con sus últimas y silenciosas reflexiones. Era una niña:

“ ¿Porqué tememos la muerte…?”

“Tememos a la muerte física, porque en el fondo nos aterra la muerte del Ego, que es el fin del dejar de pensar. Si pudiésemos silenciar al observador o al Ego, no temeríamos la muerte, porque conoceríamos desde antes la eternidad… Veríamos que la muerte no existe…”

Respondió el maestro, sereno.

Al finalizar la última sesión de preguntas, los chicos corrieron porque era la hora de la comida. Olvidándose de sus enseñanzas por el momento.

Krishnamurti contempló las montañas y los bosques que rodeaban la escuela. Un silencio sin nombre lo regocijó, siendo su principal alimento de aquel día.

Igor Caruso: Don Gato y el psicoanálisis en México

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Todo revolucionario auténtico es un representante de la forma social pasada, de lo contrario no sería revolucionario: la revolución  ya estaría hecha. Se olvidan de que el revolucionario debe, en primer lugar, cumplir la revolución  de una manera aparentemente idealista en su propia persona, antes de llevarla al mundo de una manera realista y plenamente consciente.

 

(IGOR CARUSO – El Psicoanálisis: Lenguaje Ambiguo)

 

  

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Sus alumnos le apodaban Don Gato sin que se diera cuenta, pero no lo hacían con ironía ni resentimiento, como ocurre con otros profesores menos apreciados, sino todo lo contrario, con bastante cariño. Le llamaban Don Gato por la nariz ganchuda que parecía elevar cuando miraba a un paciente a quien psicoanalizaba, o cuando escuchaba a sus alumnos y colegas en un seminario psicoanalítico, atendiendo a sus argumentos con sumo cuidado, antes de rebatirlos y confrontarlos con otros mucho más eruditos y fundamentados, o  antes de apoyarlos y enriquecerlos con su sabiduría.

Caruso se quedó al frente del Círculo Psicoanalítico en Viena, que tenía relación directa y reconocía la paternidad de Freud, después que los analistas judíos huyeran principalmente a los Estados Unidos, Francia y el Reino Unido, perseguidos por los nazis. Aunque durante la ocupación alemana de Austria, el psicoanálisis estaba prohibido, Igor Caruso continuó estudiándolo, practicándolo con discreción y formando jóvenes analistas de todo el mundo.

Luego de la liberación de Viena y tras la derrota de Hitler, los psicoanalistas europeos fieles a la escuela de Freud consiguieron reagruparse alrededor de la figura de Igor Caruso, puesto que para entonces también existían ya muchas escuelas deudoras del pensamiento freudiano. Algunas de ellas disidentes de las enseñanzas de  Freud, otras en franca oposición al patriarca, pero sin dejar de deberle demasiado todas, aunque lo negaran.

Don Gato fue de los primeros freudianos en recibir estudiantes de América Latina: jóvenes psiquiatras y psicólogos de Argentina, México, Brasil, Colombia acudían en oleadas hasta la capital del psicoanálisis no sólo para estudiar en los seminarios del Círculo de Psicología Profunda que Don Gato presidía, sino para psicoanalizarse bajo su tutela.

Caruso provenía de una antigua familia noble de Sicilia, emigrada luego a Rusia a inicios del siglo XIX y emparentada con príncipes y condes rusos. Su padre fue secretario de la nobleza zarista y su madre descendiente de aristócratas sicilianos. Gracias a sus relaciones, el padre de Don Gato ocupo varios cargos como diplomático en España, Francia y Alemania, por lo que desde niño tuvo la oportunidad de aprender muchos y diversos idiomas, y desarrollar un poliglotismo natural. Luego de diferencias con los zares y la nobleza, su padre se trasladó con su familia hasta Viena dejando definitivamente su vida rusa, tiempo antes del estallido de la Revolución de Octubre.

Se formó en Viena como psicólogo infantil con intereses espirituales y religiosos, herencia de su familia cristiana ortodoxa. Colaboró muy de cerca con jesuitas y teólogos protestantes reformadores, quienes planeaban dar un giro al cristianismo en general, para permitir a las iglesias una apertura hacia el evolucionismo de Darwin, el psicoanálisis freudiano, las tesis de Teilhar de Chardin, de Carl Jung y de Jean Piaget. Pero luego su pensamiento dio un giro intelectual hacia la izquierda, incorporando el existencialismo de Jean Paul Sartre, los postulados marxistas y las nuevas aportaciones de los teóricos sociales de izquierda como Geoerge Lukacs y Adam Schaft.

Poco a poco, gracias a su propio análisis didáctico, a sus lecturas de Marx, Engels, Sartre y Lukacs, se modificó su actitud teórica y práctica, hasta llegar al convencimiento de que el psicoanálisis no podía ser terapéutico ni revolucionario, mientras no develara ni denunciara mediante la práctica analítica, el papel de las falsas ideologías en los padecimientos mentales de los hombres modernos.

Su contacto con alumnos y pacientes de Asia y América Latina lo sensibilizó enormemente ante las realidades del Tercer Mundo y le hizo luchar por superar su eurocentrismo y acercarse a ésos otros continentes. Las lecturas del pensamiento marxista le hicieron encontrar una conexión natural entre las contradicciones de clase social de los hombres, y sus padecimientos emocionales. De modo que para la mitad de la década de los cuarentas, llegaba a la conclusión de que el objetivo del psicoanálisis, apoyado en los avances del marxismo, la antropología, las ciencias sociales y la etología, era el análisis y la crítica de las falsas ideologías que enfermaban y alienaban a los seres humanos.

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Caruso se aclaraba la garganta antes de proseguir con sus seminarios, dirigidos a jóvenes estudiantes latinoamericanos y europeos, bebía un poco de agua kina en una breve pausa. En esta ocasión trataban el tema del inconsciente. Sus alumnos lo escuchaban con un silencio expectante, a la caza de cada frase que deshilvanaban sus palabras sabias y enciclopédicas.

Para Don Gato el inconsciente no era tan sólo un inconsciente individual incluido en cada persona, como lo era para los psicoanalistas ortodoxos, inspirados en el fisicalismo biológico de Freud, sino que era el inconsciente, la energía sexual vital que animaba el universo entero, del cual los seres humanos formaban apenas una minúscula parte. Todos los seres vivientes, incluso los hermafroditas y aquellos microorganismos que se auto-reproducían por bipartición celular, se encontraban divididos entre lo masculino y lo femenino, en la necesidad de  buscar su contraparte sexual opuesta, aquella que les faltaba para complementarse. O de lo contrario, permanecer en el aislamiento total y el no-desarrollo.

La vida en todas sus expresiones era una lucha por separarse de los progenitores, padres y madres, por adaptarse a su medio ambiente y trascenderlo. Pero también una búsqueda para complementarse sexualmente con el otro. Los corales marinos machos que eyaculaban para que la marea transportase su semen a sus correspondientes especímenes hembras ubicados a lejanas distancias oceánicas, la reproducción de las plantas fanerógamas y criptógamas, los peces, los reptiles, las aves, los mamíferos, el hombre. El inconsciente era el patrimonio energético y biológico que animaba lo viviente y lo no viviente en el universo entero, y lo guiaba caóticamente a través de la cópula, el acoplamiento sexual en todas sus formas e intercambios, y el amor.

Para don Gato, al igual que para Confucio, Buda, San Agustín y Freud, a quienes leía devotamente todos los días, los sentimientos humanos se reducían si se les desnudaba hasta sus últimas consecuencias, al miedo y el amor. Una manifestación de lo más mundana y cotidiana de Eros y Tánatos. Todas las formas de comportamiento humano se desprendían de aquellas dos formas básicas de emoción. Era el miedo y el temor lo que llevaba a los hombres hacia el crimen, la envidia, la esclavitud y la alienación. Era el amor el motivo y el fin último de liberación y emancipación de todo ser viviente.

Caruso tomó sus ideas biológicas y antropológicas del padre Teilhar de Chardin, el jesuita quien fue su mentor y maestro. La evolución de la vida, contrariamente a lo que pensaba Darwin, no dependía tan sólo de la adaptación pasiva al medio ambiente por parte de los organismos, sino que era guiada por una finalidad superior. En cada estadio más desarrollado y complejo de las especies, la vida se hacía más perfecta y a la vez inacabada, para transitar nuevamente hacia una etapa de mayor trascendencia.

La conciencia humana y el hombre eran el triunfo de la evolución que había acercado cada vez a la vida misma hacia el estadio máximo del Espíritu Absoluto. El hombre era la personalización de ése último estadio, a la vez cercano al Espíritu Universal y anclado en la tierra, un ser enteramente biológico pero también cultural y social. Dividido entre elevados ideales de amor, y destructivos sentimientos de egoísmo y aniquilación.

Pero Caruso no era creyente, su propuesta no era teológica. Era por completo marxista, partidario de un ateísmo místico, de un judeo-cristianismo crítico sin Dios. Precisamente el fin del psicoanálisis para él consistía en ayudar a los hombres a liberarse de la idolatría, de sus falsos Dioses para hacerlos plenamente responsables de sus acciones. Despojarlos de sus falsas ideologías y sueños enfermizos que les trastornaban. El hombre inventaba a Dios para justificarse, lo utilizaba  para atribuirle sus propios defectos y virtudes, engañándose al creer que sus más bajas actitudes y acciones eran desviaciones de Dios. Atribuyéndole a Dios la intención de juzgar sus actos más ruines, y en la pueril creencia de que sólo él le redimiría. Dejándole perezosamente a Dios la tarea de su propia liberación, en lugar de iniciarla como debía, por sí mismo.

Para Don  Gato el triunfo del psicoanálisis consistiría en hacer consciente al hombre de su lugar como especie biológica en la tierra y el universo, al mismo tiempo que de sus contradicciones culturales y sociales en las que se dividía. Despojado de las deidades que utilizaba para justificarse.

Aquellos alumnos conservadores quienes creían encontrar en Caruso al psicólogo cristiano, creyente, humanista e ingenuo católico, sufrían un fuerte impacto. Los que buscaban al psicoanalista freudiano ortodoxo, burgués y poco crítico se desconcertaban al igual que los otros, al encontrar en Don Gato a un ateo-místico, quien utilizaba el método dialéctico materialista de Marx, pero también  las categorías y técnicas freudianas del psicoanálisis.

Sus alumnos, quienes también tenían que psicoanalizarse con él al aceptar asistir a sus seminarios de formación, sufrían en el proceso analítico una transformación y conversión ideológica nada ausente de dolor y traumatismo psíquico. Un psicoanálisis desideologizador.

Caruso afirmaba una y otra vez sin cansarse, que el hombre revolucionario no podría serlo auténticamente mientras no efectuara la revolución primero en sí mismo, liberándose de sus vínculos incestuosos con la madre y el padre. Para luego aplicar plenamente la revolución en el mundo. De lo contrario toda revolución sería pervertida y estaría condenada al fracaso. La revolución acabaría esclavizando a los hombres en lugar de liberarlos.

Depredador Vs los Caballeros Templarios: la Era de la Oscuridad

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Él despertó, se encaró con el viento y dijo al mar: “¡Cálmate, cállate…!”. Después les dijo a sus discípulos: “¿Porqué son ustedes tan miedosos…?” “¿Todavía no tienen fe…?”

(EVANGELIO DE MARCOS)

 

Entrevemos aquí que la muerte es mucho más que la muerte. Ya que no sólo es desorganizadora, destructora, sino también nutritiva, regeneradora y, en fin, reguladora.

(EDGAR MORIN –El Método II: La Vida de la Vida)

 

 

 

1 The Dark Ages

Un grupo de mercenarios se desplaza por oscuros bosques de roble y tejo, a caballo, como una bandada de aves cazadoras. Paulatinamente deducimos que es en la Inglaterra del Medioevo.

Se trata de cinco jinetes, aguerridos y enlodados, pero bien armados y con imponente actitud. En tres de ellos apreciamos la insignia templaria roja en el pecho. Sus armaduras están incompletas, sólo uno de ellos lleva casco y otro  porta una maltrecha cota de malla, perforada y aporreada, señal inconfundible de tratarse de sobrevivientes de duras batallas.

Uno de ellos parece ir a la cabeza de la avanzada: rostro endurecido por las pruebas de vida y barba oscura. A su derecha cabalga la que desde lejos aparenta ser una hermosa guerrera. Es una arquera de origen celtíbero. Con su cabello rubio ondulante y su carcaj de flechas en la espalda. Cuando la cámara enfoca su rostro, apreciamos unos rasgos delicados y hermosos, a la par de una mirada decidida y astuta. Por la actitud con la que la afrodita monta junto al hidalgo, entendemos que es la segunda al mando.

Los siguen dos mercenarios con sus inconfundibles cruces templarias sobre el pecho, uno de ellos asoma bajo el casco una larguísima melena entrecana y una barba igualmente prolongada y grisácea. A la espalda porta una mortífera ballesta lanza-dardos, la cual debe ser su arma predilecta.

A continuación tenemos al caballero con la cota de malla, bien provisto con una poderosa espada y al final, en la retaguardia, un gigante calvo, de quien adivinamos un origen, por sus rasgos y corpulencia, quizá galo, tal vez germánico.

Se aproximan a un campamento. Un anciano los espera en la entrada, luce como una autoridad de la Iglesia. Se identifica ante los jinetes como el Padre Joseph.

El líder de los mercenarios menciona su nombre: Thomas. A su vez presenta a la arquera celtíbera: Freya. Nombre que nos recuerda de inmediato a la deidad femenina vikinga.

“¡Este no es  lugar para mujeres…..!”

Sentencia el obispo Joseph.

Pero por la manera en que le responde Sir Thomas, al parecer Freya es una de las mejores rastreadoras y cazadoras de Europa, capaz de cuidarse por sí sola mejor que muchos hombres.

Se les habla de un demonio que circunda aquellos bosques desde hace tiempo, el cual ha cobrado ya la vida de varios caballeros. Por la manera en que los asesina y arranca sus cráneos y columnas vertebrales, colgando sus restos de las cumbres más altas de los árboles, sospechan enfrentarse con una fuerza sobrehumana e infernal, capaz de destazar sus cuerpos y cobrar sus órganos como si fuesen trofeos de cacería.

Sir Thomas ostenta tener con su grupo, uno de los mayores backgrounds como cazadores de dragones y monstruos de la región. El obispo no se sorprende demasiado, sugiriendo que en este caso, se enfrentarían con una fuerza demoníaca y desconocida. Por lo que recomienda llevar con ellos a Zaid, un sabio moro, experto en las Sagradas Escrituras y en todas las especies posibles de demonios y manifestaciones del Maligno.

Los prejuicios religiosos y raciales de los templarios les harán negarse en un inicio a cabalgar y colaborar con un moro, empero, ante la obstinación del padre Joseph, quien contrató y recompensará sus servicios como cazadores de monstruos, no les queda más remedio que llevar  con ellos al frágil y ladino Zaid.

  1. Alien Vs Predator y los Rituales Ancestrales de Iniciación de Guerreros y Cazadores

Al fin y al cabo, en las sociedades burocratizadas, es adulto quien se conforma con vivir menos para no tener que morir tanto. Empero, el secreto de la juventud es éste: vida quiere decir, arriesgarse a la muerte; y furia de vivir quiere decir vivir la dificultad. (EDGAR MORIN –El Método II: La Vida de la Vida)

 

Por lo menos a nosotros nos quedaría claro, sólo hasta la saga número 1 de Alien Vs Predator (2004), el motivo por el cual los depredadores arribarían al Planeta Tierra para cazar seres humanos y a su vez enfrentarse a unos rivales sólo dignos de ellos: los Alien, de carácter insectil y altamente mortíferos.

Nunca nos atrajeron excesivamente las primeras dos entregas de los años 80’s de Depredador por sí solo, con Schwarzenegger y Danny Glover. Aunque resultasen relativamente entretenidas y sobre todo taquilleras. Particularmente la primera parte.

Y si nos quedáramos exclusivamente con ellas, por lo menos en un inicio, nos costaría algo de esfuerzo de la imaginación y hasta cierta especulación sin muchas bases, conocer las razones del interés de los depredadores por los terrícolas. Observamos que les agrada coleccionar nuestros cráneos, sobre todo si estos poseen ciertas características morfológicas o pertenecieron al cuerpo de un valeroso guerrero humano. Quien presento cruenta batalla antes de ser despojado de su cabeza. Al parecer, luego estas osamentas serían conservadas como trofeos de guerra y llevadas de regreso a su planeta en las naves de los monstruos, pero no existe en ambas películas ningún indicio que nos haga saber a ciencia cierta la razón de ello. Probablemente los autores de las mismas cintas tampoco se lo preguntaron demasiado en su momento.

Con la aparición del primer enfrentamiento en 2004 entre Depredador y Alien, al interior de una isla en la Antártida, sentimos que algo tocaba una honda fibra en nuestro corazón y captaba nuestro interés de manera especial. Y con justificados motivos: la historia, redactada por el inquieto escritor Paul Anderson, guionista de Resident Evil, mostraba interesantes influencias que no dejaron de seducirnos sobremanera. Principalmente las teorías del investigador suizo Erich Von Däniken, autor del célebre volumen: El Oro de los Dioses. Implícitas en la trama de Anderson y uno de sus autores de cabecera. Cuya principal tesis sostiene que en tiempos prehistóricos, la Tierra habría sido visitada por  una cultura extraterrestre que venía huyendo de una gran guerra interestelar, de la cual resultarían vencidos. Según Däniken, incluso en la Biblia existen pistas y memorias de dicha batalla intergaláctica, con la caída de Lucifer, por ejemplo. Por tal razón, al llegar a la Tierra, presuntamente habrían construido diversos túneles, cavernas y pirámides subterráneas, con la finalidad de mantenerse a salvo de sus perseguidores y alejarlos. Al pasar el tiempo, los visitantes se encontrarían con los primeros habitantes homínidos de la Tierra, a quienes transmitieron sus conocimientos y avanzadas tecnologías, al mismo tiempo que entremezclaron sus genes, apareándose con sus mujeres y forjando nuevas razas hibridas de humanos mucho más inteligentes y habilidosos:

“Las partes rivales disponían de los mismos conocimientos matemáticos, habían recogido las enseñanzas de una experiencia común y tenían en su haber los mismos conocimientos técnicos. Los vencidos debieron escapar en una nave espacial rumbo a un planeta similar al suyo, desembarcar allí y desarrollar una civilización. Los fugitivos tenían conciencia del peligro que corrían de ser ubicados desde el cosmos y que se los buscaría con el auxilio de todos los medios técnicos a disposición de los vencedores. Así comenzó un juego de escondite del cual dependía la supervivencia. Los astronautas se refugiaron bajo tierra, construyeron túneles a gran profundidad para  servir de comunicación entre puntos muy alejados; instalaron bases hondamente escavadas desde las cuales podrían explotar algunos sectores de su nueva patria, haciéndolos formar parte integrante del sistema de infraestructura.”

“Se ha objetado que los constructores de túneles habrían tenido que traicionarse a causa de la enorme cantidad  de material excavado a que habría dado lugar una empresa de esta naturaleza, pero hay que considerar que, disponiendo de una técnica superior como supongo, podrían perfectamente haber empleado un taladro térmico”. (ERICH VON DÄNIKEN – El Oro de los Dioses. Ed. Nueva Fontana, Barcelona, 1974. Págs. 73-74)

De tal manera que en Alien Vs Predator 1 (2004), es encontrada por unos arqueólogos una pirámide con motivos mayas, egipcios y aztecas combinados, en el fondo de una fosa en la Antártida, siguiendo un poco las ideas  y sugerencias de las investigaciones de Däniken.

Esta película nos enseñaría que la finalidad de la llegada de los Predators, es fundamentalmente exponer a sus jóvenes guerreros y cazadores a experiencias de iniciación, enfrentándolos con rivales dignos, sean estos humanos o aliens. A pesar del peligro enfrentado, las batallas experimentadas con humanos y monstruos, les servirían para probarse a sí mismos y a su pueblo que son dignos guerreros y cazadores. Por cada alien o guerrero humano derrotado en combate, los depredadores marcarían sus cascos con una línea, o cobrarían los cráneos de sus adversarios caídos, lo cual sería símbolo de estatus social y psicológico frente a los suyos.

Entonces entendemos el trasfondo y significado universal de las pruebas rituales de paso e iniciación desarrolladas en la trama de Alien Vs Predator (2004). Brindándole un interesante contexto místico y antropológico a la cinta.

Los ritos de paso o de iniciación a la vida adulta, según el antropólogo francés Edgar Morin, conllevan algunas características específicas, las cuales pueden considerarse hasta cierto punto universales y comunes en diferentes pueblos de distintas épocas:

  1. Conllevan un nivel considerable de dolor que puede resultar bastante elevado, hasta el grado de poner en riesgo la salud e incluso la vida de los jóvenes iniciados.
  2. Implican también fuertes experiencias de aislamiento y soledad, que ponen en juego la capacidad emocional del iniciado, obligándolo a separarse temporalmente de su familia y comunidad. En ocasiones por grandes lapsos de tiempo que pueden llevar incluso años.
  3. Obliga el enfrentamiento a experiencias y pruebas completamente nuevas e inesperadas para las que, por más que se haya preparado a los participantes, estos no esperarían de ningún modo enfrentar (EDGAR MORIN –El Método II: La Vida de la Vida. Barcelona. Ed. Cátedra, 2002).

Tenemos tres componentes característicos de los ritos de paso hacia la vida adulta, comunes en las tradiciones de diversas culturas de todo el planeta y en muy diferentes periodos históricos: dolor y peligro que pueden llegar a poner en riesgo la vida, aislamiento y soledad, y por último, absoluta sorpresa y novedad para el joven iniciado.

Los depredadores estarían enfrentándose en un planeta para ellos ajeno, como lo es la Tierra, a experiencias absolutamente riesgosas, desconocidas y mortales. Con seres alienígenas y humanos, bien armados y equipados, sea tecnológica o genéticamente,  para presentarles batalla.

El estudio y la revalorización de los ritos de paso por parte de científicos y artistas, como el caso del guionista Paul Anderson en la entrega Alien Vs Predator (2014), nos permitiría reconectarnos a los lectores y espectadores, con procesos culturales y espirituales perdidos en la historia. O cuando menos llegar a apreciarlos y tenerlos en cuenta.

Según Morin, la finalidad de tales ritos era la posibilidad de establecer un puente profundo entre los jóvenes iniciados y el pasado de su pueblo, con sus ancestros, y también con el Universo. Una vez dentro de un peligroso y fuerte rito de iniciación, las posibilidades eran mínimas: morir, enloquecer, perderse para siempre, ser destruido, o emerger triunfal, convertido en un hombre nuevo, un verdadero guerrero. A menudo, quienes sobrevivían y superaban tales ritos, retornaban a sus comunidades transformados en hombres diferentes, recibían nuevos nombres, tenían acceso al lenguaje oculto de su cultura, reservado para los iniciados y brujos. Habían ganado el derecho de acoplarse sexualmente con las mujeres de su pueblo, o ganaban la posibilidad de aspirar algún día a convertirse en chamanes y guías espirituales de su gente.

Tras el establecimiento de las civilizaciones industriales y ahora informáticas, el contacto con las experiencias iniciáticas y de paso se habría perdido completamente. Por lo que la inmensa mayoría de los hombres modernos, desde el punto de vista de nuestros antepasados, sin haber experimentado jamás pruebas de vida y del espíritu verdaderas, carecerían del derecho de llamarse hombres desde el punto de vista espiritual antiguo. Nos encontraríamos en las sociedades contemporáneas, con pueblos enteros de niños grandes, de adultos infantilizados y despojados de valores espirituales con los cuales orientar su vida.

Una vez al interior de la pirámide en la Antártida, un grupo de ingenuos científicos humanos liberaría sin darse cuenta, a una horda de sangrientos aliens. Con su aparición, sería activada también la señal para la llegada de los jóvenes guerreros predators desde su lejana galaxia.

Repentinamente, los seres humanos se verían por completo atrapados en medio de una guerra intergaláctica entre monstruos llegados desde lejanos mundos hacia la Tierra.

Los aliens constituirían rivales altamente mortíferos y sangrientos para los Depredadores. El saldo entre ambos bandos extraterrestres sería de uno a uno, hasta exterminar a todos los aliens, predators y humanos participantes en la contienda. Quedando únicamente un joven predator en pie, sobreviviente, y una valerosa y bella geóloga humana.

  1. La Cruenta Batalla en un oscuro bosque del Medioevo

El grupo de jinetes, en compañía del astuto moro, se internan en un bosque de penumbra y arbustos. Pronto descubrirán que su infernal enemigo utiliza un campo de energía para camuflarse entre los árboles  y pasar desapercibido. También tiene a su servicio toda clase de artilugios técnicos, como rayos láser, pistolas y rifles.

Por su parte, lo único con que cuentan los caballeros templarios, además de sus rudimentarias armas, es su valor y una fortaleza que no se quiebra con nada.

El primero en caer a manos del predator es el gigante germánico, ensartado por la retaguardia con las poderosas y afiladísimas cuchillas que la criatura extraterrestre  expulsa hábilmente de su muñeca.

La bella arquera vikinga se confrontará sola contra el monstruo, pero pierde su cabeza en combate, en medio de alaridos. Los dardos y flechas de los guerreros no logran hacer el menor rasguño al monstruo, uno a uno son eliminados los templarios, hasta quedarse solos Sir Thomas y el ladino Zaid.

¿Ante tales ventajas tecnológicas por parte de los predators, qué es lo que los haría arribar al planeta Tierra, en una época donde el armamento de los seres humanos no ha evolucionado en lo absoluto para constituirlos en rivales dignos para los extraterrestres? Si la finalidad de su llegada a la Tierra es justamente enfrentarse a experiencias de aprendizaje y desarrollo de sus jóvenes guerreros, ¿Qué es entonces lo que estos monstruos tendrían que venir a aprender de los hombres medievales…?

En este caso estamos hablando del cortometraje Predator: Dark Ages, realizado apenas en este 2015. El cual puede descargarse gratuitamente de diversos sitios de la Internet, incluido Youtube. Dirigido por un pequeño grupo de jóvenes artistas ingleses, fanáticos de la ciencia ficción y los filmes de horror. A la cabeza del equipo se encuentra el director James Bushe, quien pese a ser un novel cineasta autodidacta de origen obrero, ha participado cuando menos en diez diferentes festivales de cortos y cines de horror, ganando ya algunos de ellos.

Al iniciar su cinta, de apenas 30 minutos, nos aparece una advertencia relativa a los derechos de autor y del nombre de Depredador. Se nos advierte que la obra fue creada absolutamente con fines recreativos y de diversión por un grupo de fans de las sagas. Quienes en ningún momento han pretendido hacer negocio con el concepto de Predator, perteneciente a los estudios Fox. Proponiéndose antes que nada divertirse, disfrutar con la realización de la obra, pero sobre todo realizar un homenaje a uno de sus personajes del cine predilectos.

Las caracterizaciones de los personajes capturan nuestra atención al instante, haciéndonos sentir que nos encontramos ante una producción que pese a su brevedad, es sumamente profesional. Todo, las luces oscuras, acordes con la Edad Media y la trama de horror, los ambientes, las actuaciones, nos transportan precisamente a esas Edades Oscuras de Europa del año 1000. Por lo que recomendamos altamente no dejar de perderse este corto.

En el caso de la orden de los Caballeros Templarios, conocemos que poseían variados ritos de iniciación inspirados en diversas culturas con las cuales entraron en contacto en sus viajes a Oriente y en las Guerras Cruzadas. Particularmente se conoce que tenían bastante influencia de los rituales egipcios y judíos esenios.

A mediados del Siglo XX, cuando en Jerusalén fuera desenterrado el monasterio esenio de Qumrán, los arqueólogos se encontrarían desconcertados ante la presencia de variadas piscinas y baños termales en diversas habitaciones del complejo judío. En un inicio los científicos de corte occidental afirmarían que estos lugares obedecían a las costumbres higiénicas de sus habitantes. Empero, actualmente conocemos también que los mismos esenios absorbieron bastantes ritos y conceptos de la cultura egipcia y griega más antiguas. En las que el propio Rey Salomón, Jesucristo y Juan el Bautista se prepararon. Por lo que puede afirmarse hasta cierto punto que tales piscinas y baños, eran sobre todo lugares para realizar baños y ritos iniciáticos, muchos de los cuales estaban inspirados en los procedimientos egipcios, de los cuales los templarios aprendieron bastante.

La finalidad de los rituales antiguos también era redescubrir valores universales poderosos por parte de los iniciados: como la justicia, la valentía, la sinceridad, la humildad. Los cuales desde el punto de vista antiguo, poco tienen que ver con los conceptos que actualmente tenemos de ellos los hombres contemporáneos. Aunque nos guste hablar sobremanera de ellos.

Entonces los Predators tendrían muchísimo que aprender de los hombres medievales al entrar en contacto e incluso luchar con ellos, pese a sus deficiencias armamentísticas y tecnológicas. Tal vez más que de su confrontación con los humanos modernos, quienes contarían con armamento mucho más sofisticado.

El hombre medieval se consideraba de facto unido a Dios desde su nacimiento, destinado a realizar un destino que éste le habría designado. Desde el más humilde artesano o campesino hasta el más cruel emperador. La unión entre el hombre medieval y el Universo era absoluta e indisoluble. Completamente entregado a la voluntad de su Dios y del Cosmos, de una manera que a nosotros nos resultaría en la actualidad por completo incomprensible. Autónomos e independientes como nos sentimos, ingenuamente poseedores de un libre albedrío que de ningún modo hemos ganado y de una libertad ficticia e ilusoria, la cual más bien es nuestra cárcel.

Sir Thomas y el habilidoso Zaid deberán unir sus fuerzas para sobrevivir en medio del bosque, frente a los ataques inesperados de la criatura que se hace invisible.

Sir Thomas retará a duelo cuerpo a cuerpo al traicionero Predator, quien lo aceptará, sorprendido, extrayendo sus peligrosas cuchillas y confrontándose  con el templario espada con espada.

El inglés no tendrá la menor oportunidad ante la fuerza descomunal y habilidades sobrehumanas del monstruo, pero conseguirá herirlo y no le hará demasiado sencilla su derrota.

Al punto de morir ejecutado por el Depredador, entrará en escena el moro: Zaid. Quien se encarará con el monstruo, rogándole que perdone la vida de Sir Thomas, ofreciéndole a cambio humildemente la suya.

El extraterrestre entrará entonces en un fuerte dilema, paralizado por la disyuntiva moral de tener que asesinar a dos valerosos humanos, que no tienen para presentarle batalla, más que sus corazones y su alma.

Aceptando su derrota, en éste caso, moral, el monstruo perdonará la vida de los dos hombres, cobrando tan sólo el casco guerrero de Sir Thomas, como recuerdo de la experiencia.

Retornará a su nave espacial, con una de los más importantes aprendizajes de su alienígena existencia: el valor y la lealtad. Partiendo luego hacia su planeta.

Tanto Zaid como Sir Thomas, sobrevivientes, se preguntarán si en el caso del predator, se enfrentarían con alguna manifestación del Maligno, o de un monstruo por completo desconocido para ellos.

 

El Psicoanálisis Mexicano: tres fases del desarrollo del psicoanálisis en México

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Los años infantiles se han olvidado; a pesar de ello nos quedan, como en las ciudades perdidas, restos que nos sirven para reconstruir su arquitectura.

(SANTIAGO RAMÍREZ –Infancia es Destino)

 

  1. Infancia es México

Así como en la primera infancia, en los meses posteriores al nacimiento, antes del año y medio o los dos años de edad, la imitación es el mecanismo primigenio con el cual el niño se hace de herramientas, conceptos y formas de acción novedosas para interactuar con el mundo, los primeros años del psicoanálisis en México (1950/1960…) son francamente imitativos con respecto a sus figuras de autoridad, sus padres y maestros: (Freud, Adler, Ana Freud, Françoise Dolto, etc.). La imitación es la operación cognitiva preponderante hasta poco después del  segundo año. Cuando las funciones neurológicas y psíquicas permiten no sólo identificar hasta cierto grado el propio cuerpo, sus límites, alcances, además de una coordinación creciente entre las manos, la vista, el oído, el cuello y la cabeza, con la observación, exploración y apropiación por parte del niño de su mundo circundante.  Es cuando el infante se interesa sobremanera en los adultos, quienes le rodean y con quienes convive, para comenzar a imitar sus gestos, palabras, ademanes e incluso actitudes. Volviéndolos suyos, para bien y para mal.

De ese modo, los primeros años del psicoanálisis en México son erráticos y dubitativos, sin una direccionalidad clara. Como en los primeros meses  y años de vida del niño. Los primeros psicoanalistas toman, incluso plagian teorías y conceptos provenientes de ultramar. Voltean todo el tiempo hacia el Viejo Continente, también a Norteamérica. Parten de la psiquiatría, la filosofía, la neurología y la ginecología tradicionalistas, pasan por la fe ciega en las pruebas psicométricas y los tests mentales. Su intención es clara y noble hasta cierto punto: ir más allá del enfoque alopático de la medicina y la psiquiatría tradicionales, preguntarse por las relaciones entre la mente y el cuerpo. Han sufrido en carne propia las limitaciones y la creciente miopía de los enfoques clásicos dominantes, los cuales miran al ser humano como una máquina a la cual debe reparársele cuando no funciona apropiadamente. Entonces, de pronto, descubren el psicoanálisis.

Santiago Ramírez encabeza la primera avanzada de psicoanalistas mexicanos. Es un neurólogo y pediatra poseedor de una inmensa cultura, misma que no se reduce de ningún modo a su campo de formación. Se gradúa en 1945 como médico por la UNAM, le interesa la psiquiatría, la neurología, también la literatura, la filosofía y la sociología. Autodidacta, melómano y amante de cualquier campo de conocimiento humano. Del mismo modo, tiene una poderosa inclinación personal hacia el alcoholismo y una biblioteca inmensa en la Ciudad de México. Comienza a adaptar las hipótesis freudianas a la realidad de su país. Lo mismo merecen su atención el estudio de la adolescencia, el pandillerismo en el Distrito Federal, la depresión post-parto, las relaciones madre-hijo en México, que la psicología y la identidad del pueblo mexicano. De ahí surgirá su texto clásico: El Mexicano: Psicología de sus Motivaciones, referente obligado para cualquiera que desee conocer la historia de los estudios de la identidad de nuestro pueblo.

Tiene el mérito de realizar investigación psicoanalítica sobre problemas y contextos reales, donde hasta entonces ningún psiquiatra ni psicólogo había volteado: los manicomios en México, los partos de las mujeres en hospitales públicos, la delincuencia, las adicciones, el arte, la cultura y la sociedad mexicana, etc.

Ramírez, como miembro de la etapa imitativa del psicoanálisis en México, es decir, del periodo infantil del psicoanálisis en nuestro país, se identifica terriblemente con las hipótesis del Freud más joven, aquel que explica la personalidad adulta y sus trastornos, retrotrayéndolos o reduciéndolos a las vivencias de la infancia. Precisamente así se intitula otro de sus libros más fundamentales para la historia del psicoanálisis y la psicología en México: Infancia es Destino. Presuponiendo que las experiencias, placenteras o traumáticas de la infancia, conllevarán OBLIGATORIAMENTE el moldeamiento y una influencia determinante, total sobre la vida adulta y sus desviaciones. Escribimos esta palabra con mayúsculas, porque así lo entiende el propio Ramírez y aún hoy en día muchos psicoanalistas ortodoxos, cayendo en un reduccionismo de la personalidad adulta a la infancia, comprensible hasta cierto grado por el período histórico en que Santiago Ramírez leyó y aplicó a Freud, pero aborrecible cuando lo escuchamos o leemos de parte de actuales psicoanalistas hoy en día, a casi cincuenta años de la publicación del libro del doctor Ramírez, y varias décadas más de la época freudiana clásica. Como si los estudios en psicología del desarrollo, epistemología genética y neuropsicología evolutiva no hubiesen aportado datos de sobra acerca de la complejidad del desarrollo y la evolución humana. De modo que podamos hoy en día cuestionar y desmembrar cualquier reduccionismo simplista entre edad adulta e infancia.
Comprensible hasta cierto punto, el período de infancia del psicoanálisis en México destaca por su tendencia a la imitación, al tomar prestadas las primeras teorías del freudismo y calzarlas de manera forzada en las realidades sociales de nuestros entornos. Ajustándolas con mucho esfuerzo, cual corsés de talla chica en dama con sobrepeso.

Caso semejante es el de Samuel Ramos, filósofo mexicano, contemporáneo a Ramírez y cuyo clásico: El Perfil del Hombre y la Cultura en México, también resulta imprescindible para todo aquel que desee adentrarse en los debates sobre la mexicanidad y la psicología de dicho pueblo. Ramos es un referente, junto con Santiago Ramírez, empero, a nuestro juicio, no elude ni por un momento un reduccionismo semejante o más profundo incluso, que el del médico: adoptar literalmente la hipótesis del complejo de inferioridad de Alfred Adler, para concluir un tanto simplista y aún más reduccionista, que el mexicano es un ser acomplejado, edípico, quien gusta de ahogar con bromas y embriagueces, sus penurias, amén de sentirse ofendido sobremanera cuando le insultan a su madre.

Algo tienen de verdaderas y rescatables sus hipótesis. No negamos muchas de las intuiciones del profesor Ramos como bastante acertadas y penetrantes. El problema estriba en las generalizaciones excesivas y las explicaciones causales simplistas. Reducir toda la mentalidad de un pueblo y una sociedad a un fenómeno psicoanalítico como lo es el complejo de inferioridad. En ello coincide perfectamente con el doctor Ramírez y acomodan ambos, a nuestro criterio, en la etapa que nosotros llamamos como la infancia del psicoanálisis en México. Un estadio de su desarrollo, imitativo y reduccionista.

  1. Adolescencia, Culpa y Revolución.

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La labor del analista consiste en ayudar al analizado a captar sus autoengaños, mostrarle sus defensas, hacerle consciente lo inconsciente. Pero una vez realizado esto, el analizado tiene que llevar a cabo el duro trabajo de decidir por sí mismo qué caminos tomar, incluyendo caminos deplorables, caminos nuevamente cobardes, o caminos opuestos a lo que sería el deseo del psicoanalista.

 

(RAÚL PÁRAMO  –Sentimiento de Culpa y Prestigio Revolucionario)

 

Para los años sesenta, los movimientos estudiantiles y democráticos de todo el mundo no dejan de influir tremendamente en el desarrollo y la llegada de nuevos aires psicoanalíticos a México.

A nuestro juicio, dos figuras del psicoanálisis europeo son sustanciales hacia finales de los sesenta e inicios de los setenta, como imágenes parentales guías y de referencia, en el periodo de la adolescencia psicoanalítica en México. Se trata de Igor Caruso y Erich Fromm. Con ellos estudiarán y se formarán una serie de analistas mexicanos que en ese entonces andan entre los veintitantos y los treinta y tantos años de edad.

La adolescencia se caracteriza por una parte, todavía, en imitación, que puede ser un tanto ciega. Por otra, en una búsqueda de la propia identidad y del sí mismo que puede caer en la rebeldía, el desprecio por lo tradicional, lo clásico y lo conocido, llegando hasta las críticas violentas y los actos de rebeldía. Es contradictoria, pues al mismo tiempo que retoma algunos elementos de la generación anterior, se rebela de ella y se dedica a atacarla, aunque tampoco puede prescindir de la misma. Sintiéndose culpable al violentarla, al mismo tiempo que no puede dejar de rebelársele.

Los psicoanalistas de esta generación participan en movimientos sociales, en protestas y organizaciones democráticas, incluso en guerrillas. Hay una búsqueda del lado revolucionario del freudismo, en ocasiones justificado y en otras estirando la obra de Freud hasta querer encontrar subversión en donde no la hay, cayendo en la terquedad. Nos parece que efectivamente la obra freudiana posee aspectos bastante revolucionarios aún hoy en día, pero también otros conservadores y altamente reaccionarios.

Con la ayuda y guía de Caruso y Fromm, el psicoanálisis vive en nuestro país una importante renovación, se rompe su ortodoxia y se vuelve aún más crítico. La postura de ambos autores y psicoanalistas, aunque con sus diferencias, logra empalmar acertadamente el pensamiento materialista dialéctico, el marxismo, sobre todo el del joven Marx de 1844 y el psicoanálisis. Vinculando el Inconsciente, el desarrollo de la personalidad, con la cultura y la sociedad.

Parte de la adolescencia consiste también en la pose. Los psicoanalistas de aquella época y algunos de los de hoy en día que aún no transitan de la adolescencia hacia la adultez del psicoanálisis en nuestro país, gustan sobremanera del exhibicionismo, de mostrarse a sí mismos y ensalzar al ego, volviendo al psicoanálisis un objeto de moda y presunción. Alejándolo de su primordial objetivo, que es la crítica cultural, social y la práctica clínica. O haciéndola, pero con fines narcisistas e individualistas. Nos preguntamos acerca de si ser psicoanalista deba consistir en sólo un lujo y un privilegio, exclusivo de los que pueden pagar costosas consultas, volviendo al analista semejante a una figura de farándula, o si el psicoanálisis más bien deba implicar un compromiso social y humano.

Igor Caruso prepara a varios de los analistas que luego formarán parte de la adultez del psicoanálisis en nuestro país: Raúl Páramo, Armando Suárez, bajo una perspectiva abiertamente freudo-marxista, por demás interesante y novedosa por aquel entonces. El psicoanálisis de Fromm más bien es una psicosociología, que de ningún modo está divorciada de la práctica clínica, pero tiende mucho más hacia convertirse en una teoría crítica social. Fromm incluso se vendrá a vivir a México para impartir clases, seminarios y realizar investigación. Cada uno de los libros de estos autores sigue hablando y diciendo muchísimas cosas importantes aún hoy en día. Y recomendamos que se les lea y relea.

  1. La imitación es Mito.

Toda operación o acción de imitar conlleva un alto grado de mito, en el sentido de repetir historias, anécdotas, palabras, conductas y conceptos ya dichos o realizados por otros. Los mitos se repiten hasta el hartazgo, al punto en que pierden su conexión con la verdad y con su fuente original.

Así operó y probablemente en buena medida procede el juicio de algunos psicoanalistas mexicanos actuales, anclados en el periodo de infancia del psicoanálisis en México o de su adolescencia. Tomando prestadas verdades, teorías e hipótesis y ajustándolas de manera forzosa, incluso violenta a la realidad mexicana. El imitador corta y pega. Corta, plagia, toma prestado y roba fragmentos de realidades pertenecientes a contextos lejanos. Tiene la facultad de mostrarlos con la vestidura de la novedad y la originalidad, cuando en realidad no posee  bajo su manga más que un collage de fragmentos hurtados en diferentes partes y fuentes no reconocidas.

La imitación es necesaria y natural en la infancia y parte de la adolescencia. Empero, la adultez debe caracterizarse por la búsqueda de la originalidad en sí mismo y no fuera. El encuentro de las ideas propias y la construcción de la verdadera identidad.

El psicoanálisis en México debe llegar a un estadio de la adultez y dejar la imitación.

Para convertirse en verdaderamente adulto, el psicoanálisis también debería romper con cualquier tipo de escuela, institución o burocracia. Nos parece que la institucionalización de los psicoanalistas o su pertenencia a cualquier colegio, burocracia de iniciativa privada, universitaria, educativa o de salud, obstaculiza la verdadera madurez de los analistas. Al institucionalizarse, o al anexarse a diversas burocracias, los psicoanalistas y el psicoanálisis pierde su carácter liberador del ser humano, el cual era su finalidad originaria.

 

Wilhelm Reich: En defensa de la ninfomanía

wilhelm reich

 

La necesidad biológica de la expansión de la vida. La distorsión del despliegue de la vida en ascetismo, en estructuras autoritarias y en negación de la vida puede aparecer de nuevo; pero las fuerzas naturales del hombre triunfarán, al fin, en la unidad de la naturaleza y la cultura.

(WILHELM REICH –La Revolución Sexual)

 

  1. El psicoanálisis contra la sexualidad

No podía dejar de acostarse con cuanto hombre se le atravesaba. Era bonita y lista, buena lectora y conversadora, no carecía de recursos seductivos. Y sabía utilizarlos para encamarse con quien quería. Llamémosla sencillamente: Raquel. Una judía bonita y eternamente insatisfecha desde el punto de vista sexual.

Al inicio ocurrió con sus compañeros de Liceo, con sus vecinos del antiguo edificio habitado por estudiantes, muchos de ellos colegas de clase (no dejo ninguno vivo –o virgen). Luego con un primo, con quien sostuvo un prolongado y tortuoso amorío, al mismo tiempo que recorría las habitaciones de los estudiantes una por una. Fue una relación plagada de excesos, que incluyeron masoquismo y sadismo en destructivas dosis. Hasta que logró abandonarlo, casi tocando fondo y habiendo sufrido severas lesiones en todo el cuerpo y el sexo, tras intensos frenesís extáticos.

Intentó discreción al máximo, pero falló. Las habladurías la obligaron a abandonar sus estudios en humanidades. Tuvo que dejar la ciudad e irse a vivir a un poblado en el campo, donde nadie la conocía. Raquel se empleó en una lavandería. Ahí prosiguió con su gusto insaciable por los hombres, cambiando el tipo de comensales por obreros y granjeros. Esto pareció no importarle tanto. El sexo era un hábito, una droga, el asunto más importante en su vida. A veces eran los mismos amantes, algunos recurrentes, casi siempre se trataba de la búsqueda de nuevos prospectos para la cama. El esfuerzo implacable por lo novedoso.

 

Durante un tiempo, Raquel mantuvo con algo de éxito una relación estable con un chico de su agrado: un atractivo poeta y obrero de su edad, de quien logró encariñarse. Brindándole cierta tranquilidad y paz momentáneos. Se llamaba David, de origen judío, igual que ella. Pero recayó en el gusto por las relaciones sexuales furtivas y casuales, no exentas de cierta violencia. Resultándole imposible mantenerse fiel a su novio. La relación con el chico se perdió sin remedio, fracturándose al no poder acallar las habladurías y chismes.

Visitó a varios psicoanalistas y médicos, en ese entonces todos pertenecientes a la Sociedad Psicoanalítica Vienesa. Su caso llegó a oídos del mismísimo
Sigmund Freud, quien lo tomó con cierto sentido del humor, incluso a manera de broma, apoyado por el coro de sus fieles súbditos.

Hasta entonces la ninfomanía era considerada incurable por el psicoanálisis. Aunque parezca paradójico, e incluso irrisorio: las ninfómanas eran juzgadas hasta cierto punto “inmorales” por los propios psicoanalistas y seguidores de Freud. Era un caso semejante al de los homosexuales, a quienes por aquellas fechas se les negaba el tratamiento psicoanalítico por prescripción de su propio fundador. Considerándoseles incurables.

No seremos los primeros en encontrar similitudes entre la cerrazón del patriarca Sigmund Freud y la homofobia de los profetas del Antiguo Testamento.

Cabe aclarar que para entonces muy pocos se atrevían siquiera a cuestionar un poco los juicios, las teorías y la figura de Freud.

Sigmund Freud comenzaba, con justicia y tras una larga lucha de años, a ganar la batalla contra el mundo de la medicina tradicionalista, demostrando el papel innegable de la vida anímica en las enfermedades. Aún así, el psicoanálisis no estaba exento de prejuicios sexuales y prescripciones morales. Por desgracia, muchos de los psicoanalistas comenzaban a volverse los censores y represores morales contra los que el propio psicoanálisis había luchado desde dos décadas atrás. El psicoanálisis se volvía en contra de la propia libertad sexual en pro de la cual había nacido.

 

 

  1. La Rebelión contra el Patriarca

Fue un joven egresado de medicina quien le proporcionó una perspectiva diferente.

Wilhelm Reich era el hijo de un militar de origen humilde. Él mismo estuvo en el ejército casi cinco años, a donde había ingresado con la inquietud de aprender medicina e ingeniería. Su búsqueda era intelectual, del mismo modo que emocional y sexual. Quería aprender de la vida, de los libros y liberarse de sus propias represiones e inhibiciones. Sus inmensas lecturas y viajes intelectuales lo alejaron de la milicia y lo sumergieron en la ciencia y la investigación independiente. Comenzando a dar consulta e impartir clases y conferencias por su propia cuenta.

Reich organizó un seminario sobre sexología en el sótano de un laboratorio de la facultad de química. Al inicio estudiaron el sexo desde una perspectiva meramente anatómica y médica, luego coquetearon con el psicoanálisis.

Freud les sugirió y obsequió lecturas para reorientar sus estudios. Fue un paso casi natural que el joven médico y ex militar se volviera también discípulo y aprendiz del patriarca del psicoanálisis.

Al inicio, su veneración hacia la figura de Freud fue casi total: Reich lo describe en su biografía como un hombre inteligentísimo, implacable con sus detractores y críticos, así como agudo investigador y atento a los detalles.

En un momento dado, fue el propio Sigmund Freud quien derivó a Raquel para que Reich la tratara en su consulta privada. Fue el inicio de la ruptura.

A partir del trabajo clínico y las observaciones, no sólo hacia el caso de la paciente ninfómana, sino hacia muchos otros pacientes quienes sufrían de impotencia sexual, disfunción eréctil, frigidez, vaginismo, etc., Reich comenzaría la redacción de una de sus obras maestras: La Función del Orgasmo.

Sabía las reacciones que su trabajo ocasionaría y la propia acogida que se le daría: bastante negativa, no sólo por parte de la comunidad médica y psicológica, conocidamente conservadora y mojigata, sino de los propios psicoanalistas. Las conclusiones y observaciones de Reich hacían fuerte mella en el papel de la sociedad como represora  y deformadora de la sexualidad humana, así como lanzaban duras críticas al mismo psicoanálisis por obviar e ignorar el papel del orgasmo y de la gratificación sexual en la salud de los seres humanos.

La hipótesis fundamental del Reich consistía en brindar a la falta de satisfacción sexual, específicamente orgásmica, un papel primordial en las neurosis y en una vasta gama de enfermedades mentales  y físicas: el asma,  la depresión, el cáncer, la esquizofrenia, el trastorno de ansiedad, etc. En su Obra, Wilhelm Reich hablaba de una cultura asexuada, reprimida, insatisfecha y enferma por la carencia de orgasmos.

Al aparecer su libro, las reacciones no se hicieron esperar, la oposición con el padre del psicoanálisis surgió inmediatamente. Freud soltó furibundas críticas, acompañado por las voces del resto de sus alumnos, en aquel momento casi nadie, más que sus pacientes comprendían la propuesta de Wilhelm Reich. Los psicoanalistas ortodoxos hablaban ciertamente del papel de la represión sexual, pero desde un punto de vista del inconsciente. Meramente teórico. De ningún modo se involucraban con el papel concreto y directo de la genitalidad y propiamente del orgasmo, que incluso les escandalizaba y producía escozor con el simple hecho de mencionarlo. Digamos que lo que hizo realmente Wilhelm Reich fue llevar el psicoanálisis a la práctica y facilitar a los pacientes neuróticos, ninfómanas, deprimidos, ansiosos, etc., la culminación definitiva de sus orgasmos.

Reich fue echado de la Sociedad Psicoanalítica, pero sus pacientes no lo abandonaron, su consulta creció, también el número de sus lectores y de sus libros, que se multiplicaron con el paso de los años.

En el caso de Raquel, Reich fue el primero en notar el papel de la angustia enorme que le producía la falta de un orgasmo a la chica. El cual la impelería a acostarse con uno y otro hombre, sin encontrar una satisfacción plena, biológica y emocional jamás. La ninfómana se acostaba innumerables ocasiones en la búsqueda de un orgasmo que nunca había llegado.

Reich creó a partir de entonces una terapia psico-corporal que iba directamente encaminada a que los pacientes lograran una descarga orgiástica, biológica, afectiva, sexual y mental absoluta, aliviando todas las tensiones, culpas, y liberándose de sus corazas y armaduras mortales. Según Reich, al obtener un orgasmo pleno y absoluto, el tiempo psicológico del paciente se actualizaba, superando de golpe su complejo de Edipo y todas sus inhibiciones. Madurando y llegando a ser adulto, como debería.

  1. Los hombres que se vuelven inmortales

Freud se volvió una figura innegable, y uno de los padres para la psicología y la psicoterapia. Empero, muchos de los seguidores que lo corearan y siguieran fielmente hasta la muerte, caerían en el olvido irremediable.

Con la Segunda Guerra Mundial, Reich también emigró, abandonando Europa y refugiándose  en California, en los Estados Unidos, junto con toda una serie de personalidades de finales de los años cincuenta e inicios de los sesenta: Aldous Huxley, Erich Fromm, Jiddu Krishnamurti, Gregory Bateson, etc., quienes, entre muchos otros, conformarían el panorama de la denominada Contracultura en los cincuenta y sesenta en los Estados Unidos.

Prosiguió dando conferencias, escribiendo libros fundamentales, como La Revolución Sexual, e inventando aparatos y técnicas para la terapia sexual. En un momento dado, llegó a postular la hipótesis del Orgón, la cual sostenía la existencia de un tipo particular de energía sexual que anima y fluye no sólo en la vida de los hombres, sino que mueve y potencia la vida misma del universo. El secreto de la vida, era para él la sexualidad que estaba en todas partes.

En los sesentas fue acusado de prácticas indecentes y de corromper a la juventud norteamericana, tras declarársele culpable de subversión y faltas a la moral, lo encerraron en prisión, donde murió de un infarto al miocardio.

Por su parte, tras encontrar el buscado y anhelado orgasmo, la insaciable Raquel logró terminar sus estudios y establecerse como esposa y madre de familia. Habiéndose reencontrado con David, su novio poeta, con quien huyo hacia Londres, evadiéndose de la persecución instaurada por los nazis en Alemania.

 

Maurice Nicoll: el nieto de las estrellas

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1.

Hay una vieja teoría psicológica que dice que una parte del ser humano proviene de las estrellas, esta parte del hombre es conocida  como la Esencia. En un primer momento del desarrollo humano, durante la infancia, el niño es esencia pura: inocencia, libertad, ímpetu, espontaneidad, juego, creación. Empero, si la esencia predominara durante mucho tiempo, el niño ostentaría demasiada ingenuidad, al punto de ser destruido por los obstáculos y la agresividad del mundo. Se convertiría en un inadaptado, en un salvaje pueril y bruto, o perecería antes de pasar a otra etapa de su vida, víctima de la malicia de su entorno.

Por lo tanto, debe desarrollar la parte social de su ser: la personalidad. Proporcionada por su familia, la escuela, la iglesia y otras instituciones socializadoras. Misma que le permite adaptarse a su mundo circundante, formarse, especializarse, integrarse y cumplir un rol en la vida.

Corriendo el riesgo de encasillarse en ése mismo rol e identificarse con él sin remedio, al punto de matar su esencia. Es de hecho una forma en que mucha gente sigue viviendo, habitando un cuerpo y jugando un papel que le asignaron, si no es que se lo impusieron, pero estando muerto interiormente. No habría mejor definición que la de un zombi para ese estado.

Muchas personas quienes son exitosas desde el punto de vista de la personalidad y la sociedad: grandes profesionistas, empresarios, investigadores universitarios, ministros religiosos, políticos, personajes de la cultura, artistas, líderes sociales, etc., hace mucho tiempo que mataron su esencia y la enterraron en el camino de encumbrarse con los éxitos exteriores.

La teoría psicológica que habla sobre la esencia y su diferencia con la personalidad es El Cuarto Camino. Algunos dicen que ésta escuela contiene los secretos del Cristianismo Esotérico, en el cual se formaron Juan el Bautista y  Jesús de Nazaret, por ejemplo, no el cristianismo de las iglesias e instituciones. Sino el cristianismo como un camino interior milenario, que preparaba a sus seguidores como guerreros espirituales, muy atentos para luchar contra sí mismos y sus propias debilidades.

2.

El joven médico inglés fue voluntario en la Primera Guerra, cuando tenía veinte años. Estuvo en una misión en Marruecos, fungiendo como cirujano. Al regresar a Europa, algo en su espíritu se había quebrado. La medicina tradicionalista e institucional no le llenaba más. Por eso acudió a Suiza, primero como paciente del prestigioso psiquiatra Carl Gustav Jung, luego como su alumno. La Psicología Profunda junguiana lo atrapó de inicio, y durante casi una década paso largas horas analizando los símbolos de sus sueños y de muchos pacientes. Convirtiéndose en uno de los estudiantes más cercanos de Jung.

Pero al cumplir los 33, algo volvió a quedarse sin encajar en su interior. Justo después de casarse con la mujer a quien amaba. Repentinamente todo el psicoanálisis y la psicología occidental le parecían huecos, como un conjunto de elaboraciones literarias que no tenían nada de fondo y que tampoco se sostenían sobre nada concreto. Un montón de fantasías y masturbaciones mentales, que no poseían absolutamente ninguna solidez.

Abandonó la escuela de Jung, e intentó seguir su camino por su propia cuenta.

Entonces oyó hablar de un psicólogo diferente. Su joven esposa se lo describió como un psicólogo y matemático autodidacta. Había huido del estalinismo unos años atrás y a su vez fue alumno de uno de los más grandes magos y psicólogos de todos los tiempos: George Gurdjieff.

Al joven doctor Maurice Nicoll, la presencia del psicólogo Piotr Ouspensky le resultó hosca y en extremo seria, al punto de sentir en un inicio que se encontraba frente a otro de los muchos investigadores librescos y acartonados, de los que conoció en su vida. Y vaya que el doctor Nicoll había aprendido a confiar en su corazón más que en ninguna otra cosa.

Pero al irlo escuchando hablar, tuvo precisamente en su corazón, la certeza de encontrarse frente a un sistema de conocimiento por completo novedoso. En ése entonces nadie diría que en unos años ambos llegarían a ser grandes amigos.

3.

Ouspensky les explicó que la tercera etapa del desarrollo humano, cuando el hombre ya ha conseguido construir una personalidad culta, analítica, observadora y refinada, consiste en recuperar la esencia, perdida desde la infancia. Pero ahora debe matar su personalidad de cierta manera. Debe estar desilusionado, por una parte, de todas las enseñanzas religiosas que le pueden proporcionar las iglesias comunes, y por otra, desilusionado también  de las certezas que le pudiesen dar los conocimientos de las ciencias y las universidades, tal como las conocemos hoy en día. En una palabra, por completo decepcionado e incrédulo de todo lo conocido, sabiendo que no se sabe nada, como señaló Sócrates en su tiempo. Y así se encontraba precisamente el joven psiquiatra Maurice Nicoll.

El Cuarto Camino requería haber conseguido previamente una personalidad culta y especializada, habilidosa en variados campos del conocimiento, pues sin ella no se lograría la comprensión psicológica indispensable. Y una comprensión profunda y sincera, era el instrumento fundamental para ir entrando en el Cuarto Camino, a diferencia de otros caminos espirituales como el yoga o la meditación, en donde sólo es requisito obedecer las palabras e instrucciones de un gurú al pie de la letra.

En el Cuarto Camino no se podía obtener nada si antes no se comprendía cabalmente cada una de las etapas del mismo. Saber que no se era ni se tenía nada. En cierto modo, tras conseguir una personalidad sólida y elaborada, el adepto del Cuarto Camino, en la tercera etapa, si quería evolucionar, debía transformar su personalidad y renunciar a ella para lograr fusionarla con su esencia perdida.

Ouspensky era uno de los alumnos más cercanos de Gurdjieff. En un momento dado, pocos años antes, recibió el consentimiento del propio mago Gurdjieff para enseñar las ideas del Cuarto Camino por su propia cuenta y de manera independiente.

En pocos años y tras arduo trabajo psicológico, Maurice Nicoll recibiría a su vez el consentimiento de Ouspensky para escribir, enseñar y divulgar las  mismas ideas. Se volvería por su parte una especie de nieto de Gurdjieff, o de alumno de tercera generación del Cuarto Camino.

4.

Si se pudiera resumir la finalidad del Cuarto Camino, dice Maurice Nicoll, sería la de descubrir en uno mismo, el sendero que lo lleva de regreso a casa. Si la esencia, o el alma humana provienen del as estrellas, como se dijo al inicio, el trabajo del Cuarto Camino consta de ayudar al espíritu humano a realizar el viaje de regreso a su hogar.

Josecito, el paciente esquizofrénico quien vive en la calle con su gato y sus tres perros

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La verdadera sabiduría no consiste en presumir estar loco. El hombre sabio jamás presume: duda a menudo y cuestiona su propio juicio. El hombre ignorante es obstinado y necio. El necio nunca dudará de su juicio y cree que lo sabe todo sobre todas las cosas, ignorando sobre todo lo más importante: su propia ignorancia.

(AKHENATON)

 

1.

Conocimos a Josecito en la década de los noventa, cuando realizábamos nuestro servicio social en el Antiguo Hospital Civil, en los departamentos de Psiquiatría y Neuropsicología. Por ahí del año 1997.

En aquel entonces ambos teníamos la misma edad: 21 años casi cumplidos. En su tiempo, fue el primer paciente esquizofrénico grave con quien tuvimos contacto.

A Josecito lo llevaba su mamá cada quincena a su consulta con el Dr. A. Con quien tenían al parecer ambos, una relación de mucha confianza.

Siempre  llegaba José, cogiendo a su mamá por el brazo, caminando juntos muy despacito porque la señora, Doña Brígida, tenía problemas de artritis y había sufrido un accidente vascular cerebral que casi le paralizó el brazo y la pierna un par de años atrás. También Josecito caminaba lento, tanto por los efectos secundarios de los medicamentos controlados que debía tomar, como debido a su carácter tranquilo, paciente, amable y observador.

Josecito era demasiado generoso, jovial e inocente, muy fácilmente le salía la plática con cualquiera y comenzaba a conversar largo y tendido. Le gustaban mucho (y aún le encantan) los animales: los perros, los gatos, las tortugas, los pollos, los pericos, los patos y los insectos. Los quería mucho. Y desde siempre éste fue su principal tema de conversación.

Al parecer la dura enfermedad, la cual se le manifestó desde los 12 años, lejos de destruir por completo su ser, como ocurre en muchos casos de trastornos neurológicos y mentales severos, lo había ayudado a preservar su inocencia y luminosidad intacta desde niño, hasta  su edad adulta.

En una gran cantidad de ocasiones en que los contemplamos asistir a sus consultas los viernes de cada quincena a las seis de la tarde, también iban acompañados de su perra Tita, una chihuahua color marrón a la que casi siempre llevaban metida en una bolsa de mano con una cobijita. En aquel entonces Tita ya era una anciana, igual que doña Brígida: tenía ocho años pero era muy bien portada: jamás le ladraba a los médicos ni a las enfermeras y siempre se quedaba quieta en la bolsa de mano donde la cargaba José. Observándolo todo con mucho detenimiento y sin nada de malicia, del mismo modo que su joven amo.

A pesar de sus achaques y dolencias, doña Brígida aún era muy activa y productiva. Vendía comida por las noches: tortas, pasteles, tostadas, gorditas, plátanos fritos, botanas y bebidas en un puesto ambulante. Y Josecito era su más fiel y férreo ayudante. Ambos eran trabajadorcísimos. Vendían todas las noches por las calles sus apetitosos productos culinarios, y caminaban juntos diariamente a lo largo de muchas calles de varias colonias de la ciudad, empujando su carrito de mano en el que ofrecían suculentos productos y sabrosuras, los cuales, me consta, eran bastante deliciosos. Pues la señora era una experimentada cocinera.

Cuando los conocimos, doña Brígida ya tenía más de ochenta años. Nos conmovía mucho que siendo  una mujer tan mayor, toda una flamante longeva, no hubiera tenido la posibilidad de acceder a una pensión, en lugar de continuar caminando interminables calles por las noches y trabajar muchas horas a diario. Pudiendo jubilarse y descansar como se lo merecía, tras tantos años de cuidar a seis hijos y diez nietos, manteniéndolos y sacándolos adelante casi a todos con las ganancias de su modesto negocio.

2.

Doña Brígida no tardó en volver a sufrir otro ataque vascular y esta vez resultó definitivo. Falleció tras unos días de un paro respiratorio en una de las salas del mismo hospital.

Los hermanos de José no sólo lo echaron a la calle de inmediato, pues la señora no dejó ningún testamento a nombre del muchacho, sino que también lo despojaron de su carrito donde vendía comida, impidiéndole trabajar y generar ingresos para subsistir.

Sus hermanos vendieron la casa, el carro de mano y los utensilios de cocina con los cuales  él laboraba.

Para echarlo a la calle lo amenazaron de muerte, diciéndole que lo molerían a palos o lo agarrarían a machetazos si no se iba de inmediato. El muchacho apenas tuvo tiempo de coger un abrigo, una cobija y la bolsa con la fiel Tita adentro y salió corriendo para escapar de las agresiones de sus familiares.

Completamente solo, sin un ningún tipo de contacto, conexión familiar ni social, tan sólo acompañado por su perra, Josecito  regresó al Hospital Civil, en busca del Dr. A., con quien contaba como único amigo.

Durante un tiempo el Dr. A. le proporcionaba algún dinero y le facilitaba la entrada al comedor de los empleados del hospital, para que pudiera almorzar y cenar. Pero el Dr. A. también era un anciano, y no tardó en caer enfermo de cáncer y ser retirado del servicio.

Josecito se refugiaba en las cercanías del hospital, en donde recibía la ayuda de los comerciantes, quienes lo conocían de años. Le facilitaban comida, ropa, cobijas para él y Tita. A cambio él les ayudaba a barrer la banqueta, regar los jardines y tirar la basura. Dormía en los parques cercanos al Hospital, en la entrada de las iglesias con su perra. Dejó de tomar sus medicamentos psiquiátricos, pues no tenía quien cuidara de él ni quien supervisara sus consultas. Sin embargo, no le pasó nada sin ellos, ni tampoco empeoró su enfermedad. Contrariamente, comenzó a tener más lucidez y a sentir sus ideas más claras cada día, probablemente, como él mismo nos contara después,  la medicina controlada entorpecía su mente y aletargaba su organismo.

Su cuerpo se sintió cada vez más fuerte con el paso de los meses sin medicamentos. Sus pensamientos estaban más aclarados: por primera vez las voces interiores que lo acosaran durante décadas resultaron menos amenazantes, aunque jamás se fueron del todo. Dentro de su inocencia, contando sólo con su intuición, pues sólo asistió hasta segundo de primaria, logró concluir que los tratamientos médicos, más que ayudarlo, lo perjudicaban.

Ciertamente Josecito sufrió mucho, sobre todo los primeros años de su vida en las calles. En una ocasión un grupo de hombres lo subió a la fuerza a un automóvil durante la madrugada, mientras dormía. Según nos relatara después, con sus palabras, al parecer lo violaron y luego lo arrojaron a la calle de nuevo. También su perra Tita falleció, pues ya era una ancianita.

Empero, Josecito no tardó en sobreponerse a todas las agresiones de los hombres, incluyendo las de su familia. Comenzó a recoger papel cartón y latas de aluminio para venderlos, alguien le obsequió otro carrito de mano y no tardó en transformarse en todo un experto reciclador de aluminio, cartón, cobre y otras cosas.

Lo hemos encontrado varias veces a lo largo de los años y siempre es grato saludarlo y descubrir que cada vez tiene nuevas mascotas. Las cuales al parecer son sus mejores amigas, mucho más fieles y nobles que los hombres.

Hace un par de días lo vimos de nuevo, a la salida de una estación del Tren Ligero, atando con gran habilidad una torre de cajas de cartón con una cuerda sobre su carrito de mano, para poder transportarlo con más facilidad.

Nos sentamos un rato con él. Siempre nos ha sorprendido cómo, ni la gravedad de su esquizofrenia, ni las acciones despiadadas de los hombres, han conseguido jamás dañar su inocencia y amabilidad. Continúa siendo el mismo niño de siempre que sonríe, conversa con quien se puede y ama sobremanera a los animales.

En esta ocasión lo acompañaba Chato, un perro American Stamford, a quien Josecito encontró herido y atropellado en una gran avenida de las que a diario recorre en sus cacerías de aluminio y materiales de reciclaje.  Nos dijo que lo curo y ahora es su mejor amigo. También lo acompañaba Canela, una bella hembra criolla como de un año de edad, color café, quien es su más fiera guardiana. Al parecer ella está embarazada.

Junto a ellos estaba Salchipulpo, un viejo y noble perro salchicha de más de diez años, a quien encontró bajo un puente cuando era cachorrito. Salchipulpo llegó a su vida poco después que muriera Tita, la chihuahua,  tiene con él bastante tiempo.

También Peluche, una gatita blanca con manchas negras atigradas, quien ya tiene cerca de cinco años a su lado, la cual viaja todo el tiempo sobre el carrito de mano. A ella ya la habíamos visto en otras dos ocasiones pasadas, junto a Salchipulpo, cuando encontráramos por casualidad a José por la calle.

“Josecito”, así lo llamaba cariñosamente doña Brígida. Ahora es todo un cazador de materiales de reciclaje, se encuentra delgado pero muy fuerte y sonriente. En esta ocasión compartía seis tacos de carne asada con sus mascotas. Con sus manos acercaba los bocados de carne y tortilla y se los daba en el hocico a los perros y a la gatita.

Le regalamos veinte pesos, pues tampoco traíamos mucho dinero. Nos despedimos deseándole lo mejor y lo vimos alejarse rumbo a una fábrica, donde Josecito esperaba encontrar muchos más kilos de cartón y latas en la parte donde arrojan sus desperdicios. Se perdió lentamente por una gran avenida, empujando su carrito, mientras la cola de Peluche, la gata, brillaba blanquecina, erguida al medio día. Su fieles perros se fueron caminando tras de él, muy pegaditos y sin perder a José.

Exit Humanity: Nuestro amor por los zombis

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Vivir de manera tan completa, en un estado tal de felicidad –que implica, desde luego, meditación- es realmente el problema fundamental que nos concierne. Y también lo es el descubrir si podemos comprender esta vida no en fragmentos, sino completamente: si podemos estar completamente involucrados en la vida, y no comprometidos con alguna parte de ella -estar implicados en el proceso total de vivir,sin conflicto alguno, sin desdicha, confusión ni dolor. Ese es el verdadero problema. Porque sólo entonces podemos dar origen a un mundo diferente. Esa es la verdadera revolución, la interna revolución psicológica de la que emerge una inmediata revolución externa. Hagamos pues, el viaje,  juntos.

(JIDDU KRISHNAMURTI –Usted es el Mundo)

 

No le temo a nada, por lo tanto podré verme a mí mismo…

 (DON JUAN MATUS –En: Carlos Castaneda, Viaje a Ixtlán)

 

  1. Exit Humanity

Edward Yong es el nombre de un brillante pero anónimo poeta de los tiempos de la Guerra Civil Norteamericana. En vida no conocerá la fama como literato, de hecho no conocerá fama alguna, pero sus escritos, versos, anotaciones, dibujos, bocetos  y sobre todo su diario de la Guerra, le harán ser recordado muchas décadas más tarde. Aunque no lo pretendía, ni lo soñaba.

No es poeta académico: jamás fue a la escuela, pero es gran lector y aprendió a leer y escribir por su cuenta. Todos los días, al terminar las labores en la pequeña granja  en Tennessee que heredó de sus padres, en donde  ahora vive con su esposa e hijo de siete años, a quienes adora, se tiende sobre su mecedora bajo un zaguán a disfrutar de su Shakespeare, su Cervantes y su Petrarca. También a realizar anotaciones, versos y dibujos de todo lo que ve cotidianamente.

La Guerra Civil lo sorprenderá de lado de la causa abolicionista y de Abraham Lincoln. No le interesa ninguna ideología ni causa política específica, pero se verá enrolado en una tropa  como soldado raso por meros compromisos familiares, por tal de conservar los derechos de su granja. Bajo las presiones implacables de sus suegros y su abuelo.

A causa de un milagro, precaución extrema y cuidados, o sólo por casualidad, jamás es tocado por ninguna bala a lo largo del conflicto. Las páginas de su diario se llenan con abundantes párrafos, descripciones y dibujos que ilustran todo aquello de lo que es testigo en aquellos años  y que no es poco.

Por su parte, no hay día que no añore abandonar un conflicto en el que no cree, para regresar a su granja con su familia.

Pero el horror contemplado durante las batallas, no será nada en relación con aquello que irá apareciendo a lo largo del final de la Guerra Civil, cuando se supone que los confederados sean desarmados y enjuiciados.

Personas comunes y corrientes de ambos bandos, deambulando sin consciencia alguna, produciendo gritos, chillidos y sonidos guturales, con los rostros y los miembros descarnados, la piel pálida como cadáveres ambulantes. No tienen más entendimiento que el de comer carne humana fresca, morder víctimas y convertirlos en criaturas aberrantes similares a ellos, o devorar si es posible, a alguien hasta dejarlo en los huesos.

El diario de Yong registrará como testigo directo cada detalle, dando un giro, de diario de guerra a novela de horror.

Se trata del filme de zombis: Exit Humanity, dirigido por John Geddes y lanzado en 2011. Es curioso que una película tan interesante, entretenida y bien amarrada, de un género que por cierto está de moda, apenas haya sido mencionada en algunos círculos estrechos de especialistas en cine independiente y blogs de fanáticos del cine de horror y de zombis. Filmada en Canadá, con un irrisorio presupuesto, no tuvimos noticia de que apareciera en las salas mexicanas, ni siquiera en la piratería. Debimos haberla descargado de la Red para poder admirarla en inglés, al descubrir en Youtube un tráiler, del que no podíamos despegarnos, añorando contemplar y saber el resto de la historia cuanto antes.

  1. Las Causas y Etiología de la Zombificación

 

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La película plantea algo que es un hecho a medias: que el miedo y la fascinación por los zombis son antiquísimos. Datando de una época en que los rituales de la magia y la brujería eran practicados para apoderarse de la voluntad de otros y con el fin de convertirlos en esclavos mentales.

Exit Humanity no es el primer filme en señalar a la brujería y el vudú como el origen del fenómeno de los muertos vivientes. Tendríamos que remontarnos hasta 1988, con la magnífica, The Serpent and the Rainbow, de West Craven, donde un antropólogo viaja hasta Haití en la época de la dictadura, con la finalidad de descubrir una presunta sustancia con la que se puede devolver los muertos a la vida. En lugar de un elixir para la vida eterna, el investigador se verá atrapado en un asfixiante laberinto que casi le cuesta la vida y el alma, en donde se mezclarán la política de ultraderecha y la brujería afro caribeña.

Con los años, la industria cinematográfica propuso distintas etiologías para el síndrome zombi: virus letales, experimentación con armas biológicas, holocaustos de zombis de diversa índole, invasiones zombis sin ninguna causa lógica, incluso orígenes extraterrestres, etc.

Está el caso de 28 Days Later (2002) de Dany Boyle, hasta llegar a la afamada serie televisiva The Walking Dead (2010), basada en el comic de Robert Kirkman. Sin olvidar el clásico de G. A. Romero, La Noche de los Muertos Vivientes, de 1968, con un agudo trasfondo de crítica política y social, que es la mamá de todos los filmes sobre zombis. Según nosotros.

Sin embargo, el origen del término o del fenómeno zombi se remonta hasta el vudú o la brujería afro antillana, que planteaba dos posibilidades para la zombificación, o la acción de convertir a alguien en zombi: regresarlo a la vida cuando ya había muerto, o convertirlo en zombi estando en vida, apoderándose de su voluntad y transformándolo en un esclavo psicológico al servicio de quien dirigió el conjuro.

Psicológicamente hablando, un zombi es un ser humano quien habiendo poseído todas sus facultades mentales, las pierde de pronto, producto del contagio de una enfermedad, virus, la ingesta de algún veneno desconocido o por la intermediación de un conjuro mágico.

Desde el punto de vista neuropsicológico, se trataría de la muerte de las funciones de la corteza superior del cerebro, o neo-corteza, las encargadas de la consciencia, la reflexión, el pensamiento y el lenguaje. Localizadas, fundamentalmente, hacia la parte frontal del cerebro. O muy cerca de ellas.

Quedando desprovista de la actividad de su corteza cerebral superior, la víctima se verá reducida al funcionamiento exclusivo del cerebro primitivo o del cerebro animal, también conocido como reptiliano: agresividad, hambre, violencia, ira, etc. Los cuales serían procesos básicos de sobrevivencia, compartidos con el reino animal. Un zombi sería un ser humano bestializado, animalizado, reducido a reacciones reflejas agresivas y de búsqueda de alimento.

Al perder su humanidad, en el zombi reaparecerían funciones arcaicas presuntamente superadas en la evolución de la especie humana, como el carroñerismo y la antropofagia. Mismas que en los humanos normales eran inhibidas o reprimidas sobre todo por la acción de la corteza frontal del cerebro, en donde se encuentra la personalidad humana y las funciones culturales y sociales.

En Exit Humanity todo comienza con el inocente conjuro de una aprendiz de hechicera, quien tratando de devolver la vida a su hermana asesinada y violada por unos maleantes, la convertirá en zombi por accidente. La zombificación masiva se esparce por contagio, a partir de mordedura entre unos hombres y otros. Pronto, todo el sur de los Estados Unidos se encuentra casi despoblado, habitado tan sólo por muertos vivientes, quienes deambulan en busca de la poca carne humana fresca no infectada que queda en los sobrevivientes.

Al regresar a su granja, Edward Yong encontrará a su esposa y su hijo convertidos en zombis. Se verá obligado a matarles, contra todo su amor por ellos, aprendiendo por cierto que los zombis sólo mueren mediante un tiro en la cabeza. Caerá en una profundísima depresión, abandonándose así mismo por la pérdida de su familia. Y del mismo modo que durante las batalles en la Guerra Civil, nada consigue matarle.

Incinerará a su pequeño y se propondrá llevar sus cenizas hasta unas cataratas, donde prometió llevarle cuando aún estaba con vida. Esta será, según él, su última misión en este mundo. Antes de suicidarse él mismo con un tiro en el cráneo.

Convertido en un mercenario solitario, cazador de zombis, portando una capucha, con un poderoso rifle Winchester y un par de revólveres, en compañía de su caballo negro Sombra, emprenderá un prolongado viaje iniciático a través del Sur de los Estados Unidos para cumplir su cometido final.

  1. Nuestro loco amor por los Zombis

¿Pero qué será lo que produce en nosotros tantos sentimientos encontrados hacia los zombis: amor, atracción, fascinación, temor y repulsión por otro lado? Es claro que a nadie nos gustaría que se hiciera realidad un holocausto zombi, empero, no podemos dejar de mirar las películas del género y pocos nos perdemos los últimos capítulos de The Walking Dead en Fox, ya muy cerca de aparecer la nueva temporada, en 2016, quizá con suerte a finales del 2015, dicen algunos.

Hace unos seis meses, cerca de nuestro consultorio psicológico, donde a diario laboramos, asistimos como testigos oculares a un desfile de fanáticos de los zombis. Había muchos contemporáneos nuestros, desde luego, gente de la era Grundge, sobrevivientes de los conciertos de Pearl Jam, Alice in Chains y Sound Garden, quienes asistimos al estreno de Exterminio 1 en los noventa, y su continuación: 28 Weeks Later, por cierto no tan buena como la versión de Dany Boyle. Pero también había muchos no adultos: niños hasta de seis o siete años en compañía de sus padres, con sus playeras alusivas a la temática en cuestión. Una de las plazas públicas que hay por ahí: La Rambla Cataluña, estaba casi llena, con no pocos fans de los zombis de todas las edades.

¿Acaso será que el holocausto zombi está más cerca de lo que pueden nuestras imaginaciones alcanzar? Quizá el resultado de la cultura de masas y de un capitalismo despiadado, es la zombificación por medio de los medios de comunicación, el enrolamiento en el consumismo del que aquellos que se niegan a ser parte, son mirados como raros, como no zombis por los propios zombis, quienes añoran volverlos como ellos. Si seguimos la hipótesis del origen del fenómeno zombi, no por brujería, ni magia, ni por contagio de virus alguno, sino por lavado de cerebros, en instituciones educativas, familiares, religiosas y laborales que en realidad son enemigas del ser humano y en el fondo desean  homogeneizar a todo el mundo, e incluso liquidar a quien piensa distinto, pareciera que el holocausto zombi hace mucho que se ha instalado en nuestro mundo.

Tal vez nuestra fascinación por ellos no es más que una proyección de unos seres quienes nacieron y nunca dejaron ni dejarán de ser  zombis, aunque sueñan con ser hombres despiertos, vivos y reales.

De cierta manera, no es verdad que el canibalismo y la antropofagia se hayan superado. Tal vez las personas seguimos comiendo gente y siento a nuestra vez devorados por otros, de múltiples, inhumanas y monstruosas formas todos los días.

Hace pocos años un paciente nos relató  que cada día se sentía más libre, pues había logrado tomar una decisión sustancial en su vida: elegir entre adquirir un juego de video último modelo o unos rines de lujo para su Volkswagen. La zombificación está dada y no hay cura para ella.

La psicología del Hombre Despierto de la que Jiddu Krishnamurti y George Gurdjieff son dos grandes pilares, plantearía que en cierto modo la mayoría de nosotros estamos dormidos, es decir, vueltos zombis. Y que la cura o la clave para sanar y despertar de la muerte en vida se encuentra dentro de nosotros.

En un momento dado, tras arrojar las cenizas de su pequeño a una catarata, como misión final, Edward Yong encontrará a otros dos jóvenes sobrevivientes: Isaac y su hermana Sahra, quien fue mordida en varias ocasiones, pero nunca se convirtió en muerto viviente hasta ahora. Gracias a ellos, Yong recobrará las esperanzas y renovará su amor por la vida. Tomando ahora la misión de cuidar a los jóvenes hermanos e incluso enamorándose de la chica.

De hecho, Exit Humanity es un filme homenaje a un poeta de la Guerra Civil que sí existió y quien también enfrentó un holocausto hacia el final del siglo XIX, más no del tipo zombi sino de otra índole: político, ideológico, armamentístico y social.

Su diario fue hallado en los años setenta, junto con el esqueleto del artista, sepultado en una fosa común al lado de otros veinte compañeros de frente, quienes habrían sido capturados y fusilados previamente, de quienes jamás se conocería su identidad.