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Escritor, tarotista, psicoanalista, psicoterapeuta y músico, vive y cree en la independencia permanente de cualquier institución, a excepción de la familia.

Curso de Quirología Médica y Psicológica

quirología

 

Aprende a leer, descifrar y entender las líneas de la mano, pero también sus formas, símbolos y estructura de acuerdo con los astros.

La Quirología es una antigua disciplina que practicaban ancestrales médicos, terapeutas, sanadores y adivinos. A partir de ella se puede conocer la historia, desarrollo y características de la personalidad, también diagnósticar orígenes y causas de enfermedades físicas y mentales. Conocer el pasado y el presente de la estructura psíquica. NO ES ADIVINATORIA.

TEMAS:

  1. Historia de la Quirología: Egipto, India, Persia.
  2. Aplicaciones: Clínicas, médicas, psicológicas, psiquiátricas.
  3. Anatomía de la Mano, líneas, montes, brazaletes.
  4. Relaciones entre la Quirología y la medicina.
  5. Relaciones entre la Quirología y la psicología.
  6. Diagnósticos y Tratamientos.

FECHA:

21 de Mayo de 2018.

En el Centro Historico de Guadalajara Jalisco.

Duración: 12 sesiones.

Costo: 200$ por sesión. Icluye una bebida de cortesía.

INFORMES:

En el Facebook de Adán de Abajo;: Adán

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Curso de Astrología Psicológica y Cabalística en Guadalajara

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Aprende a realizar cartas natales y análisis astrológicos  para personas, negocios e instituciones. A brindar asesorías y acompañamientos desde el punto de vista de los astros. A través de uno de los lenguajes científicos y psicológico-intuitivos mas antiguos de la humanidad: la Astrología.

TEMAS:

  1. Historia de la Astrología, la astrología en diferentes culturas y etapas.
  2. Casas Zodiacales.
  3. Planetas.
  4. Aspectos astrológicos.
  5. Relaciones entre la astrología y la psicología.
  6. Relaciones entre la Cábala y la Astrología.
  7. Coaching Astrológico.
  8. Terapia Astrológica.

SEDE:

En el Centro Histórico de Guadalajara Jalisco. México.

INICIO:

A partir del miercoles 18 de Abril de 2018. De 7:00 a 9:00 pm.

COSTO:

200$ por sesión, incluye materiales bibliográficos y una bebida en cada clase.

IMPARTE:

Adán de Abajo.

Información:

Inbox, Facebook de Adán de Abajo: Adán de Abajo

 

 

 

La Cuarta Dimensión, o la posibilidad de escapar de los límites de nuestra percepción

Adan de Abajo: Psicoánalisis, Tarot, Astrología, Novela, Cuento y Esoterismo

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Existe asimismo en la naturaleza una fuerza mucho más poderosa, siquiera sea en otra forma que el vapor, y por medio de la cual, un solo hombre que pudiera apoderarse de ella y supiera dirigirla, trastornaría y cambiaría la faz del mundo. Esta fuerza era conocida por los antiguos, y consiste en un agente universal cuya ley suprema  es el equilibrio y cura dirección tiende inmediatamente al gran arcano de la magia trascendental.

(ELIPHAS LEVI –Dogma y Ritual de la Alta Magia)

 

  1. El Prisionero de la Fortaleza de Pedro y Pablo en San Petersburgo

El joven científico no tenía verdadera necesidad de asistir a aquellas tertulias sobre política y sociología, en compañía de revolucionarios, socialistas y anarquistas. Se preparó en la Universidad de San Petersburgo en física y matemáticas, también poseía profundos conocimientos de literatura y música. Leía poesía, filosofía y novelas sin parar y tocaba bastante bien el…

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Taller de autoconocimiento y manejo de emociones en Guadalajara

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Las emociones no se controlan, tampoco deben reprimirse, encapsularse o intentar desintegrarlas a nuestro antojo cuando no nos agradan. Es necesario aprender a conocer e identificar lo que sentimos, dirigiendo nuestra atención en primer lugar hacia ellas: el lugar o lugares de nuestro organismo en donde se acumulan. A través de analizar nuestras palabras, posturas corporales, actitudes, sueños, gustos y hábitos.

Aprende a identificar, ubicar y manejar tus emociones a mediante un un taller semanal de autoconocimiento con diferentes herramientas psicoterapéuticas: análisis de sueños, guestalt, psicoanálisis, inteligencia emocional, bioenergética, programación neurolingüística.

Aprende a vivir ligero y a disfrutar cada vez más de tu vida.

Guiado y dirigido por Adán de Abajo, quien cuenta con más de 20 años de experiencia clínica psicológica. En la Colonia del Fresno, muy cerca del Centro Histórico de Guadalajara.

Costo: $100 por sesión.

Duración: 12 Sesiones semanales.

Todos los Jueves a partir del 22 de Marzo de 2018, de 7:00 a 8:30 pm.

Información: inbox en el facebook de Adán de Abajo: Carlos Adán

Iniciación a la Kirología: diagnóstico de enfermedades físicas, emocionales y de la personalidad a través de la palma de la mano.

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Taller de Iniciación a la Kirología (Interpretación y Lectura Clínica de la Mano) en Guadalajara Jalisco

La Kirología es el estudio interpretativo y clínico de la Palma de la Mano, sus dedos, uñas y dorso, con fundamentos anatómicos, astrológicos, psicoanalíticos. NO ADIVINATORIO en lo absoluto. A la usanza del diagnóstico realizado por antiguos médicos egipcios, indúes y griegos. Facilitando el diagnóstico de enfermedades físicas, emocionales y energéticas. Mismo que combinado con otras disciplinas terapéuticas puede brindar una visión muy completa de la personalidad, así como del funcionamiento de los órganos internos y glándulas.

Conocida esta disciplina milenaria como Kirología, por los médicos antiguos griegos,  y Kiromancia por terapeutas y sanadores gitanos, indios y egipcios. No es un método adivinatorio en lo más mínimo, sino más bien clínico interpretativo, médico, psicológico y fenomenológico.

Aprende los fundamentos, procedimientos y métodos de esta disciplina perenne en el curso práctico que se impartirá en Guadalajara, Jalisco, México, a partir del Lunes 29 de Enero de 2018 a las 7:00 pm. En el Centro Histórico de la misma ciudad.

Temario.

  1. Historia de la Kirología (su uso y tradición en diversas culturas)
  2. Astrología y Kirología
  3. Kirología y anatomía
  4. Kirología y psiquiatría
  5. Kirología y psicología (tipos de manos y tipos de personalidad)
  6. Diagnósticos clínicos anatómicos y psicológicos.

Costos e informes en el Facebook de Adán de Abajo:

Adán de Abajo/Mns Inbox

o al email: carneuro@yahoo.com.mx

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Arturo Meza: Terapeuta del Sonido y de la Luz:

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Llena tu mirada de Amor

Levanta a la hermana caída

Levántate a ti.

(Arturo Meza -Yo Soy Tú mismo)

 

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“…La música puede ser medicinal…” Dice Arturo Meza, aunque: “…No siempre… Depende de qué alma la ejecute…”

Y surge la pregunta ineludible al escucharlo, a quienquiera que se haya acercado a alguno de sus discos o libros: ¿Qué fue primero en Meza: el terapeuta, el sanador, el chamán, o el músico y el autor? Y aún más inquietudes reverberan: ¿Fueron todos estos Arturos a un tiempo desde el origen, como en el inicio del Universo, indisoluble e indiferenciado?¿O se fueron dando uno a uno, en cadena y secuencia?, ¿Pero cuál primero y cuál después? Quién sabe…

Al sugerirnos el cantautor las cualidades curativas latentes y secretas de la música, siempre y cuando sea interpretada por un alma despierta, emergen aún más inquietudes y cuestionamientos: ¿Qué requiere el alma para ser capaz de sanar con música a sus semejantes? Las melodías de Arturo, desde sus títulos nos lo sugieren: “Amor en el Éter”, “Nuestras Almas”, “Yo soy Tú mismo”.

El alma requiere preparación, así como se asiste a la escuela o con un profesor  a estudiar música o medicina. El alma necesita también una guía y en algunas etapas, un maestro. Aprender a sufrir amorosamente, no como antes lo hacía: por mero egoísmo. Adquirir y ejercitar las maneras de amarse a sí misma, entendiéndose, descubriendo su Misión Cósmica. Entonces, ésta alma deja de luchar: primero deshaciendo el conflicto contra sí misma, y por ende, con los otros: “Yo soy Tú mismo”. Nos repite la lírica de Arturo.

 

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Siendo ya un músico y escritor reconocido, mientras trabajaba en la elaboración de su libro: El Diablero, recorriendo la comunidad de Tetela del Volcán, en los confines de los Altos de Morelos, contacta con Modesta Levana, una médico indígena, “…la doctora descalza…” Quien lo inicia en la medicina prehispánica.

Pero el maestro Meza ya tenía todo un trabajo espiritual previo desde décadas atrás, mismo que en aquel momento sería el precedente que lo llevaría inequívocamente a la enseñanza de Modesta.

En años anteriores se acercó a una lectura vivencial de los libros de Josefa Luque Álvarez, pilar de la Fraternidad Cristiana Universal, algunos de los cuales llegó a musicalizar en algún momento. De esta autora de nacionalidad argentina, Arturo Meza asimilaría con pasión la importancia de conocerse a sí mismo mediante un trabajo disciplinado de meditación, conjuntando una serie de aprendizajes místicos y espirituales: en el pensar, el sentir, el obrar. Principios que impregnarán de inicio a fin su obra musical y literaria.

De adolescente sintió estar destinado a estudiar medicina en la Ciudad de México, igual que su padre, pero se atravesó en su camino la Biblioteca Central, con cuyos volúmenes se nutrió y no consiguió soltar, hasta no haber leído todo lo que pudo de ella. La literatura se convertiría en otro de sus canales de alimentación, realimentación y creación. Es sabido que Meza es un lector amoroso y detallado de autores como Borges, William Blake, aunque tiene una preferencia especial por la obra completa de Juan Rulfo.

Vivió por otro lado una intensa formación en la música ranchera y vernácula desde la infancia, en su natal Tocumbo, en Michoacán, de la mano de músicos callejeros y de cantinas. Acercándose luego, en algún punto al rock clásico, encontrando el rock británico de los 60s y 70s, el progresivo, el rock argentino de los ochentas y el rock rupestre. Se sabe también que es un gran admirador del icónico grupo de rock tapatío: Los Spiders, con quienes ha llegado a compartir escenarios y estudios de grabación.

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Hijo de médico y enfermera, Meza fue durante un tiempo alumno de Fausto Leal, creador de la Terapia Lumínica y del cardiólogo, Demetrio Sodi, quien le transmitió la aplicación de imanes terapéuticos en puntos acupunturales de los pacientes.

Con los años, a partir de incontables experiencias clínicas, terapéuticas, espirituales y de muchísimas lecturas, Arturo Meza ha sistematizando su método terapéutico:

1.) Un diagnóstico energético del paciente de manera Distal. Muy distinto del diagnóstico reduccionista de “Arco-Reflejo”, practicado por la medicina alopática, únicamente a partir de síntomas aislados.

2.) El uso de plantas medicinales y sales minerales.

3.) “Descompresión” de los centros energéticos del enfermo a partir del uso de técnicas de acupuntura, imanes terapéuticos y Terapia Lumínica o Terapia de Luz.

4.) Brindar al paciente un respeto y un amor “absolutos”, al buscar su bienestar y curación.

En algún punto, en su madurez, el maestro Meza se sentó  a sostener largas conversaciones y profundos diálogos con su padre médico, asentando con su ayuda todo este conocimiento médico y terapéutico y sistematizándolo. Su padre acabará heredándole sus formularios de la Antigua Botica: “…a base de extractos, fluidos esenciales y sales minerales…”

En su libro: Planeta Amor, Arturo Meza sintetiza toda la teoría y práctica de su visión Médico-Energética.

 

 

 

 

La Batalla de los Chamanes

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Así, matar por matar, estaba prohibido no sólo en su tribu, sino en todos los pueblos indígenas que habitaban el Norte de México. Empero, había situaciones que por su naturaleza “especial”, no sólo representaban un acto de justicia, sino que eran necesarias y obligatorias. Aunque implicaran cierto grado de violencia y el asesinato de un opresor o enemigo de los pueblos indígenas.

En esos casos especiales, sí estaba permitido eliminar a un enemigo público, de hecho era un acto justo y obligado. Por difícil que pueda resultar comprenderlo por alguien no perteneciente a la mentalidad de los pueblos tarahumaras. Quien fácilmente tomaría esto como una justificación para el ojo por ojo y diente por diente, del que tanto se escandaliza la cultura occidental y judeocristiana.

Este acto de justicia divina pretendía ir mucho más allá.

El elegido era imbuido por los ancianos de su comunidad de un poder divino que le concedía la facultad de ejercer la justicia celestial. No cualquiera, desde luego llegaba a gozar de tal privilegio y responsabilidad.

Era el caso de Martín Pescador, el indio rarámuri quien llevaba más de un año preparándose para luchar contra el viejo brujo apache que venía desde el Norte del continente en varias ocasiones al año para hacer de las suyas.

Lobo Tuerto tenía su banda de forajidos, algunos mexicanos, mestizos, comanches y pies negros que lo seguían hasta la muerte, sembrando el miedo y el temor en los Estados Unidos y en México. Aprovechándose de las comunidades indígenas para su beneficio.

El brujo exigía a los pueblos indios dos veces al año, la entrega de una dotación de doncellas vírgenes o jóvenes que luego llevaba de contrabando hasta el centro de México para vendérselas a las fuerzas de Álvaro Obregón.

Las muchachas acababan convirtiéndose en prostitutas, soldaderas o esclavas sexuales de los soldados rasos. Mucha gente intentó pelear con él y frenar su contrabando cruel de mujeres. Pero Lobo Tuerto lanzaba maleficios a sus enemigos, les robaba el alma, los dejaba locos o los mataba antes que pudieran hacerle algo a él.

Martín pasó más de un año entrenándose, ayunando, dejando de comer sal, absteniéndose de mujer alguna. Debía entrar en un estado espiritual muy específico, en el cual tendría que volverse invisible para lograr sorprender al hechicero y matarlo. Poniéndole fin a su gobierno de terror por sobre los pueblos yaquis, mayos y rarámuris que cohabitaban el Norte del país.

Para hacerse “invisible”, Martín debía purificar su alma y su cuerpo hasta el máximo.

Cultivaría la compasión, la justicia, extirparía de él todo deseo de posesión material y carnal.

Martin era buena persona, listo, astuto, soñador y rápido para aprender. Pero llegar a hacerse lo suficientemente invisible para no ser captado por un brujo veterano y malvado y vencerlo en una lucha a muerte, era más de lo que se le podía pedir a un aprendiz.

Todo ello era un requisito necesario en su formación como curandero y médico de las regiones del Norte de México: enfrentar y derrotar a Lobo Tuerto, si es que él mismo quería en verdad llegar a convertirse en un chamán bueno y poderoso algún día. Al derrotar al apache, él mismo desarrollaría sus poderes más de lo que lo lograría sin enfrentar un obstáculo de tal naturaleza. Venciéndolo, los poderes del apache pasarían a la posesión de Martín. Si un brujo moría, según la creencia, su sabiduría y poderes serían asignados a su vencedor.

Antes de entrenarse como aprendiz de brujo, Martin fue tallador de pedernal. Un arte heredada por los pueblos precolombinos desde muchos siglos atrás. Un arte también a punto de desaparecer, en una época en que las armas de fuego sustituían por su facilidad, la caza del venado y del oso tan sólo con arco y flechas o lanza. Martín fue también soldado y agricultor junto con su papá y su abuelo, músico y violinista en las ceremonias tradicionales del pueglo, maestro de escuela y escribano, antes que los ancianos del consejo de chamanes lo llamaran para convertirse en brujo. Aprendió a leer de forma autodidacta y estudió por correspondencia inglés y pedagogía. Luego, uno de los ancianos soñó que Martín derrotaba al apache tan sólo con su arco y flechas.

Martín pasó muchos días afilando sus puntas de pedernal, fabricadas por él mismo, lubricándolas con el veneno de los colmillos de diez serpientes cascabel y cinco coralillos. Humedecía las flechas con el hocico de las víboras y luego las dejaba secar sobre su hoguera. Diez puntas filosísimas en total. Con ellas atacaría al brujo y paralizaría sus funciones vitales, aunque no sabía si lo mataría, pues según se contaba, Lobo Tuerto era inmortal.

Los ancianos tarahumaras le confeccionaron una máscara de bejucos mágica, que podía sonreír sola y le permitía camuflarse entre la maleza y las montañas para no ser visto. Le cubrieron el cuerpo semidesnudo con pintura de guerra. Le pusieron su máscara de brujo guerrero y luego Martín se fue a acechar a los apaches desde la cumbre de un árbol.

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El brujo malvado apareció desde una colina lejana, encabezando la fila de jinetes que lo seguían como fieles servidores. Martín distinguió en la oscuridad del ocaso en el bosque, la silueta de más de veinte mujeres atadas sobre los lomos de caballos y burros tras de sus captores. Eran las prisioneras y esclavas que serian vendidas.

Lobo Tuerto presentía desde días atrás algo fuerte y malo en su contra, pero por más que ensoñaba por las noches e invocaba a sus demonios aliados en busca de ayuda, no atinaba a saber con precisión qué o quién se preparaba para atacarlo.

Estaba a punto de anochecer. El viejo hechicero olisqueó el aire, con un presentimiento desconocido. Martín se había logrado hacer lo suficientemente invisible como para no ser detectado por su enemigo.

La primer flecha del rarámuri le pegó al brujo cerca del corazón y no lo mató, tan sólo le cortó la respiración y paralizó sus músculos. Lobo Tuerto gritó, alertando a sus forajidos, pero no lo suficientemente rápido como para que otra flecha envenenada no se le clavara en el estómago.

Sus seguidores disparaban a ciegas sus máusers y revólveres, pues de ningún modo podían percibir a Martín, que se había vuelto invisible. En eso aparecieron decenas de guerreros tarahumaras, ocultos compañeros y amigos de Martín, mataron a unos y aprisionaron a otros. Pronto liberaron a las mujeres esclavas y las desataron de sus monturas, donde viajaban sangrantes por las ataduras y enfermas debido al forzamiento y el secuestro.

Martin apareció, ya visible ante los hombres. Como renacido. No debía recibir pago alguno por el bien que había hecho. Con la ayuda de las mujeres liberadas y de los guerreros tarahumaras, cavaron un foso enorme durante toda la noche. Colocaron al brujo apache en el fondo. Aún seguía vivo y respiraba, aunque dificultosamente, con sus ojos inyectados de odio. Luego pusieron sobre él una tonelada de rocas. Ya nunca saldría de esa tumba en vida. Era la única forma de someter a un brujo inmortal.

Una de las mujeres liberadas, Brígida, una huichola que llevaba meses en manos de los apaches, decidió quedarse junto con Martín. Los chamanes no debían tener tratos ni relaciones con mujeres durante su entrenamiento mágico. Pasaban hasta diez años antes que un joven chaman recibía el permiso para tomar mujer o matrimoniarse.

El hecho de que una mujer decidiera seguirlo y vivir con él en su cabaña por el resto de la vida, era una señal divina, para que Martín dejara su etapa de abstinencia sexual y pasara a otra, y a otro nivel de su vida como brujo. Ya no sería más un novicio y aprendiz de curandero. Aunque aún le faltaban muchos otras pruebas que enfrentar y decisiones por asumir.

El fin de la época de abstinencia sexual del joven Martín había llegado, junto con el comienzo de otra nueva de práctica y más aprendizaje.

Aníbal Barca 3: La Batalla de Zama

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Por: Adán de Abajo

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En el campamento se creó un revuelo: gritos de alarma, vociferaciones y alaridos. Al amanecer, un par de jinetes romanos arrojó un bulto por encima de la empalizada que protegía a las fuerzas africanas  y luego escaparon a todo galope. Se trataba de un saco de lana con un pesado contenido que causó la alarma general entre las tropas cartaginenses. No tardaron en llevárselo al general, quien aún dormía en su tienda, agotado: su mente y su organismo comenzaban a dar muestras de cansancio tras casi seis años de campaña en suelo extranjero. Había perdido uno de sus ojos por una infección mientras cruzaba un pestífero pantano en el Norte de Italia. Muchas eran sus victorias, bastantes las legiones enemigas exterminadas, varios los senadores muertos bajo las lanzas y espadas de sus mercenarios africanos, miles de esclavos capturados, cuantiosos tesoros incautados, ciudades caídas o pasadas a su lado. Empero, Roma no se rendía ni daba muestras de pretender firmar una tregua con él, contrariamente, parecía un monstruo a quien cada vez brotaban nuevos tentáculos y cabezas a las cuales Aníbal sin piedad amputaba o asestaba golpes. Roma no parecía tener final, lo cual ya empezaba a cansarlo y hacerlo dudar sobre las posibilidades últimas de la guerra. Cartago, su patria en el Norte de África, no se decidía a enviarle nuevos contingentes, con los cuales pudiese inclinar aún más la balanza a su favor, varias de las ciudades ibéricas en Hispania perdidas a manos de los romanos. La ciudad de Capua, al sur de Italia, quien era su aliada, cayó a manos del implacable senador Fabio, el anciano sabio, quien castigó duramente a sus ciudadanos por traición.

Monómaco y Maharbal, sus dos principales lugartenientes, solicitaron permiso para ingresar a su tienda llevando el extraño objeto. El contenido del saco arrojado por los legionarios no tardó en emerger, dejando pasmado y en shock a Aníbal. Una cabeza humana, atada a dos manos igualmente cercenadas: se trataba de la cabeza de Asdrúbal, su hermano, y las manos de Sileno, el secretario y escriba griego, amigo íntimo de los Barca, quien habría acompañado a su familia desde la época de las  primeras guerras en Sicilia contra Roma. Aníbal pidió quedarse solo, irrumpió en el llanto desolador, luego en un silencio que se prolongó durante varios días. Asdrúbal era su hermano más amado, adorado.

Asdrúbal había tomado la misma ruta por la que su hermano mayor y su ejército transitaron a través de los Pirineos, con la idea de llegar a Italia y unírsele en la lucha contra los romanos. Al contrario de Aníbal, sus tropas se encontraban maltrechas, tras la última derrota en Baécula, en donde se enfrentara contra Cornelio Escipión, el hijo de los escipiones, y tuviera que batirse en retirada, salvando apenas sus elefantes y los principales pertrechos. Al descender desde las montañas en suelo Italiano sería avistado su ejército, perseguido durante días por tres legiones, capitaneadas por Fabio hijo. Los cónsules interceptaron a sus jinetes que llevaban una carta para Aníbal, la cual nunca llegaría a su destino. De hecho, Aníbal ignoraría todo acerca de la presencia de su hermano hasta esa mañana, en que le llevaron su cabeza en estado de descomposición. Las tres legiones habrían rodeado a sus tropas, llevándolo a una trampa, Asdrúbal moriría valientemente, lanzándose con su caballo sobre la infantería romana. Su ejército quedaría diezmado, los sobrevivientes obligados a retornar por el paso de los Pirineos hacia Iberia.

Los africanos unieron la cabeza de Asdrúbal al cuerpo de un prisionero italiano, quien tuvo la misma complexión que el hermano de los bárcidas. Prosiguieron a los rituales funerarios, los sacrificios y las hogueras en honor del joven caído.

Al transcurrir tres días, Aníbal mandó reunir a sus poderosas tropas: libios, celtíberos, cartaginenses, etíopes, ibéricos. Su ejército hasta ahora se encontraba invicto: nadie había logrado vencerlo en suelo italiano. Nadie lo había vencido jamás, ni en Italia, ni en áfrica, ni en Iberia.

A pesar de negarse a rendir, Roma aún se encontraba contra la pared, bajo las suelas de Aníbal.

El general subió a lomos de Sirius, el enorme elefante macho sobreviviente de las primeras jornadas desde Hispania, hace más de seis años. Se sumaron otros siete paquidermos, enviados desde Cartago en las últimas semanas. Los gigantes encabezaron la marcha con el general a la vanguardia. Sus hombres, más que nunca se sentían inspirados y listos al combate, prestos a vengar la muerte de Asdrúbal. Invitarían a los romanos a presentar combate abierto delante de las murallas de la misma Roma.

Al llegar a las puertas de la capital italiana, dispusieron a los elefantes al frente de las filas. El resto de las tropas tras de ellos: los jinetes númidas, las poderosas infanterías celtíberas, ibéricas, libias, lideradas por Monómaco: el general fenicio; también los honderos baleáricos, con sus proyectiles preparados para arrojarlos sobre los manípulos romanos; la invencible caballería africana, capitaneada por Mahárbal.

Dentro de la ciudad, todos temblaban, el pánico absoluto cundía. Las dos legiones que restaban tras las anteriores y fatídicas batallas emergieron de las puertas de las murallas para defenderla. Iniciaron su formación vacilantes, temblorosas, conocedoras de que aquellos mercenarios venidos de lejanas tierras les traerían la muerte.

Poco antes de que Aníbal, a lomo de Sirius, diera la orden de ataque, una densa tormenta comenzó a caer sobre ambos ejércitos. El agua subió, convirtiendo las Colinas de Marte en un pantano. Ese día no se pudo iniciar el combate.

A la mañana siguiente, cuando las tropas de los dos ejércitos se habían formado de nueva cuenta, la lluvia volvió a caer. Los sacerdotes avisaron a Aníbal que aquello debía ser una señal de su dios Baal. Entonces ordenó el repliegue hacia las montañas. Su fiero ejército se retiró a través de las mismos senderos por donde había llegado.

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Por su parte, en Hispania, el joven Cornelio Escipión recogía un triunfo tras otro: luego de apoderarse de Cartago Nova en un ataque relámpago y vencer a Asdrúbal, salía nuevamente vencedor sobre el tercero de los hermanos de Aníbal: Magón Barca, quien apenas pudo escapar con vida tras perder a diez mil hombres. Hasta ahora, Escipión daba muestras claras de haber aprendido bastante de los movimientos del propio Aníbal, imitándolos al invadir en su propio suelo a los cartaginenses y al llevar a una trampa al ejército de Asdrúbal, aislándolo de sus hermanos en Baécula. Tal como Aníbal hizo con un senador tras otro durante los primeros años de la guerra en Italia.

Tras perder Cartago Nova, los africanos comenzaron a desmoralizarse, cayendo en breve  todos sus bastiones de poder en Hispania a manos de los romanos, de donde se nutrían económica y militarmente. En poco tiempo ya sólo quedaba un ejército púnico en activo en la península, dirigido por el hermano más joven de Aníbal, Hanón Barca, quien no tardó en quedar fuera de combate en una emboscada en las Islas Baleares, mientras se esforzaba por encontrar nuevos mercenarios para apoyar a su patria. Una lanza romana atravesaría su yegua durante una emboscada, despeñándose luego esta y fracturándole la pierna. Sus hombres lo embarcarían inconsciente, con las heridas infectadas, de regreso a África, falleciendo en el trayecto a través del mar.

Pronto, Cornelio Escipión recibió la orden del Senado Romano de embarcarse a Sicilia con sus hombres, unificando sus tropas con las dos legiones sobrevivientes de la batalla de Canas, las cuales aguardaban por él en la isla italiana. Ahí se dispuso a entrenarlas de día y de noche durante semanas. Preparando un golpe maestro: la invasión de África y el ataque a los cartaginenses en su propia tierra natal.

Embarcó a sus hombres y pertrechos y cruzó el Mediterráneo.

En las costas del Continente Negro, los cartaginenses y sus aliados aguardaban por él para castigarlo por su osadía y expulsarlo de vuelta al mar. Magón, el último hermano con vida de Aníbal, tras ser derrotado en Hispania había regresado a Cartago, rehaciéndose y construyendo una fuerte alianza con Sífax, el emperador de los libios. A su lado luchaba también Asdrúbal Giscón, un noble cartaginense, veterano general, quien había peleado primero con Amílcar Barca en Sicilia y luego en Italia al lado de Aníbal. Sífax se había apoderado recientemente de varios reinos, dejando a Masinisa, hijo del rey Gea de los númidas, desterrado. Gea y Masinisa fueron aliados durante décadas de los cartaginenses, particularmente de la familia Barca, desde la época de Amílcar. Luchando como aliados al lado de ellos. Eran incluso familiares, pues una hermana de Aníbal estaba casada con un pariente del rey Gea. A partir de la avaricia de Sífax, los aliados de Cartago se veían obligados a dividirse, el príncipe Masinisa, no se quedaría de brazos cruzados, dejando a Sífax usurpar su trono. Pronto se pasaría de lado de los romanos, apoyando a Escipión y proporcionándole dos mil mortíferos jinetes númidas.

Tras algunas escaramuzas en las que a veces ganaron los romanos y en otras fueron forzados a retirarse por parte de los africanos, Escipión realizó una acción sorpresiva, incendiando de noche el campamento donde descansaban Sífax y Magón Barca. Todos sus animales, soldados y pertrechos se perderían. Magón sucumbiría finalmente entre las llamas y Sífax resultaría capturado mientras intentaba escabullirse entre las cenizas. Masinisa retomaría su trono, limpiando la memoria de su anciano padre Gea y brindando a los romanos todo su apoyo en África, poniendo en verdaderos problemas a Cartago, hacia donde dirigirían todos sus esfuerzos bélicos a continuación.

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Ante la penosa situación a la que paulatinamente era sometida Cartago por parte de Escipión y sus legiones, el Senado Cartaginense no tuvo más remedio que enviar un mensaje a Aníbal hasta Italia para que acudiera a defenderla de los romanos. Cartago había hecho un último esfuerzo por repeler a Escipión enviando de nueva cuenta a Asdrúbal Giscón al frente de una avanzada de mercenarios ibéricos, griegos y africanos, los cuales sucumbirían por completo en una última e inútil refriega.

Aníbal ya se encontraba más que agotado con la situación de desgaste a la que lo sometían los romanos, sin rendirse en lo absoluto, aunque los vapuleara sin cesar en los últimos seis años. Sus tres hermanos muertos, Iberia perdida por completo. En algún momento pensó en retomar el camino de los pirineos y retornar a Hispania para recuperarla y asegurar el abastecimiento económico y militar de su familia y sus aliados africanos. Pero el apremio de defender su ciudad natal, en donde se encontraban su esposa y su hijo, le hicieron dirigirse finalmente hacia África y organizar la defensa contra los romanos.

Reagrupo a sus hombres, incluyendo a todos los iberos y celtíberos que lo siguieron desde los Alpes e Hispania, prometiéndoles fortunas en oro con tal de seguirlo hacia África. Comenzó su descenso por la península, exprimiendo la bota italiana hasta el último suspiro de riquezas, botines y alimentos para llevárselos con él. Se embarcó por fin en el sur de Italia con todos sus hombres, caballos, con Sirius, el viejo elefante y otros seis paquidermos veteranos.

En Cartago lo esperaría el senado de su ciudad con setenta paquidermos nuevos, listos para enfrentar a los romanos.

Apenas tuvieron tiempo él y sus tropas de descansar un poco y recuperar el aliento tras el largo viaje desde Europa. Se internaron en el desierto con sus animales y armas. Se dice que se abrían paso en las llanuras africanas y contemplaban gacelas, antílopes, cebras y leones alejándose al contemplar su ejército. Una noche el rugido de un león macho despertó a Aníbal, inyectándole un mal presentimiento al respecto de la conclusión de la guerra. La pérdida de sus hermanos, el retiro incierto de Italia sin haber concluido su tarea de derrotar a Roma, tantos años de viajes y guerras, lo tenían demasiado desgastado.

Antes de emprender la última y decisiva batalla, Aníbal se entrevistó con Escipión. Sus jinetes númidas lo habían traicionado, pasándose del lado de Masinisa, el príncipe de Numidia y ahora aliado de Roma. El general africano planteó al joven senador romano la posibilidad de la rendición, sabía que sus tropas, aunque diestras, veteranas e invictas, se encontraban agotadas. Aníbal deseaba descansar y retornar con su esposa Ímilce y su hijo, Ímilco, a Cartago, para reponer tantos años de ausencia y marchas.

Cornelio Escipión planteó unos términos incumplibles, forzando a los africanos a presentar combate. En esta ocasión los italianos eligieron el territorio para enfrentarlos: la llanura de Zama, un paraje abierto y parejo en donde ambas fuerzas se encontrarían en similares ventajas.

Los setenta elefantes fueron colocados a la cabeza de las fuerzas cartaginenses, tras de ellos todos los contingentes de mercenarios que servían a Aníbal, encabezados por Monómaco. En la caballería celtíbera, ibérica y púnica se encontraba, como siempre, el fiel Mahárbal. Empero, dicha caballería se hallaba en serias desventajas con respecto a su contraparte romana, enriquecida ahora por todos los jinetes númidas que lucharían del lado de Cornelio Escipión y Roma.

La orden de ataque fue dada, los setenta elefantes, con Sirius a la cabeza, cargaron contra la infantería romana, que en esta ocasión utilizó escudos de plata, trompetas y tambores para sembrar el pánico entre los paquidermos. Presas de un terror repentino, los elefantes retrocedieron, huyendo del estruendo causado por los romanos, embistiendo a sus propios manejadores y a la infantería pesada africana. Los romanos procedieron a arrojar sus pilos contra los paquidermos fuera de control y en poco tiempo inutilizaron a toda la fuerza de gigantes africanos.

A continuación Monómaco ordeno a sus veteranos que se reagruparan, y se enzarzaron con la infantería romana sin piedad, vengando la muerte de sus animales. La infantería cartaginense aún era implacable, y sus filas barrían a los manipulos italianos, parecía que la batalla comenzaba a equilibrarse de nueva cuenta y que los africanos contarían con enormes posibilidades de triunfar, como siempre. En eso, Masinisa, príncipe de los númidas, tras dar cuenta de la caballería celtíbera e ibérica de Aníbal, rodeó por la retaguardia a los púnicos, masacrando a la mayoría de los veteranos de Monómaco. En breve, tras este movimiento, el rumbo de la guerra quedaría decidido, a favor de los romanos.

Mahárbal y Monómaco se abrieron paso a través del cerco que formaron los italianos en torno de los africanos, logrando extraer con vida a buena parte de los veteranos mercenarios de Iberia, Cartago y las Galias, hombres fieles hasta la muerte a Aníbal. Rodearon a su general Barca para protegerlo y emprendieron la marcha de regreso a su capital. Atrás dejaban las llanuras de Zama, sembradas con la sangre y los cadáveres de sus hombres. Se trataba de la primera y rotunda derrota que sufriría Aníbal.

 

 

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