El significado de soñar con dragones

Dragones-01

 

Los dragones atacan en verano a los elefantes. Lo hacen para beberles toda la sangre, que como nadie ignora, es muy fría.

(PLINIO APULEYO -Historia Natural. Libro 8.)

 

Hasta el último momento sigue creyendo en tus sueños, porque ellos son los que nos dan vida.

(GOKÚ -Dragón Ball Z)

 

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En el Medioevo lo satanizaron, asociándolo con fuerzas malignas y oscuras. Se le persiguió y temió hasta mitificarlo. Algunos señalan que realmente existió, aunque no se tienen pruebas concluyentes al respecto. Otros firman que aún sigue viviendo, sólo que de dimensiones más pequeñas en comparación con los dragones medievales. Habitando en islas, cavernas y en el fondo de los océanos; medio oculto, viviendo trasmutado como salamandra, anguila o pacífica iguana marina.

El científico Carl Sagan concluyó, tras años de estudiar las imágenes de muchos dragones de diferentes culturas, que en cada región del mundo se le concibe de manera muy distinta a las demás. Los dragones tienen que ver con la mentalidad, la idiosincrasia y la imaginación particular de cada país.

Al mismo Demonio, al plasmar su imagen en grabados y vitrales de épocas oscurantistas, se le adjudicaron variados rasgos y propiedades suyas: alas de pterodáctilo, sáuricas garras afiladas y curveas, cuerpo y rasgos serpentinos en general. Capacidad de interactuar con el calor y manejar el fuego con sus fauces. De ahí la generalización del temor hacia las serpientes y cocodrilos que trasciende hasta nuestros días.

Escuadrones soñadores e ilusos de caballeros, provistos de espadas, escudos y armaduras, organizaron cacerías e incursiones hacia escarpados terrenos montañosos. Donde se decía que era su hábitat. La mayoría de aquellos aventureros no regresó. Se contaba que aquellas criaturas escupían fuego, volaban alcanzando increíbles alturas y anidaban en inaccesibles riscos, resultando inigualables y mortíferos rivales para cualquier guerrero humano.

Los dragones sólo fueron temidos, proscritos y perseguidos en Occidente, a partir de la consolidación del cristianismo como institución de control y poder. Se asoció al dragón (del mismo modo que a la serpiente y a otros reptiles) con los poderes ocultos, la brujería, el sexo por placer y como rito iniciático. Al prohibirse la brujería, los rituales paganos y reprimir la sexualidad, como algo opuesto a los fines de control masivo de las religiones, se satanizó y persiguió también a los dragones.

El dragón simbolizaba entonces las facultades y los poderes ocultos del ser humano. Su sexo, su Alma Inconsciente, sus facultades y potencialidades de pensamiento, sensualidad, intuición, sanación y magia. Por ello los mitos cuentan que los dragones fueron perseguidos por los ejércitos cristianos.

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En el Oriente y la América Prehispánica era otra la visión que se tenía acerca de los dragones.

Para China y Japón, se trataba de un ser poseedor de enorme sabiduría. Los emperadores y guerreros samuráis lo tenían por aliado y consejero.

Si hubo luchas entre hombres y dragones, estas no conllevaron el carácter carnicero ni el temor fanático cristiano de Occidente. Lo que sabemos por diversas leyendas e historias de Oriente, es que tras una lucha que no necesariamente culminaba con la muerte del guerrero humano ni con la del dragón, ambos seres acababan siendo amigos y aliados.

Algunas personas encontraron a sus dragones aliados por accidente, vagabundeando, o los dragones los encontraron a ellos y se los hicieron amigos. Al descubrir facultades en los humanos que interesaban a los dragones.

En Mesoamérica el dragón se asociaba con los Dioses y las deidades. Quetzalcóatl poseía atributos suyos, de hecho, según algunos, era un dragón. Esta deidad correspondía, de acuerdo con la astrología tolteca, con el planeta Venus. Existía todo un culto mágico muy antiguo asociado al dragón y a la serpiente, vinculado con la adoración hacia el planeta Venus o la Estrella de la Mañana.

Por diversas mitologías muy antiguas y anteriores al cristianismo, se presupone que hubo un tiempo, lejano y perdido cuando los dragones y los hombres fueron amigos. Los hombres los respetaban y les permitían vivir tranquilos., a cambio, los dragones brindaban protección, amistad, sabiduría y consejo. Venus o el planeta draconiano, tendía a ser benevolente y amoroso con sus adeptos. Aunque también despiadado y destructivo, cuando los reyes y gobernantes le desobedecían. El Éxodo judío en el Antiguo Testamento y el inicio del ocaso del Imperio Egipcio, se encuentran asociados con una violenta conjunción astrológica entre Venus y la Tierra, la cual ocasionó no pocos maremotos, diluvios, plagas y destrucción de pueblos y ejércitos enteros mucho antes de nuestra era (Velikovsky, I. Mundos en Colisión, Primera parte, 1980). Venus o el Planeta del Dragón rojo también castigaba y podía devorar a sus seguidores si estos no se portaban bien.

Hubo otro tiempo, más tarde, muy diferente en Mesoamérica, con la llegada del culto al planeta Marte y al Dios Huitzilopochtli traído por los aztecas: el Dios y el planeta de la guerra, los cuales son en realidad lo mismo. Entonces la época del dragón fue dejada atrás. La era del matriarcado y de los dragones culminaba, con ella el culto hacia el planeta Venus y el reinado de los dragones y la energía femenina. Dando paso a una nueva época de la supremacía masculina, las guerras, matanzas y conquistas. Cuando los aztecas tomaron el control de la mayor parte de los territorios mesoamericanos e instauraron el dominio de su beligerante dios de la guerra: Huitzilopochtli. El dios lobo o Marte.

A la llegada de los europeos y del cristiano, la incomprensión y el temor hacia los dragones fue aún más grande, pues la cultura y la religión de los conquistadores no se diferenciaba en el fondo demasiado del culto a lo masculino, al poderío militar, a la sangre y a la guerra que profesaban los aztecas.

El enfrentamiento entre los adeptos del  dragón y el clan de los lobos, o entre Venus y Marte, fue legendario y se encuentra documentado en la mitología de muchos pueblos de muy diversas geografías del mundo. Describiendo quizá una antigua cuadratura astrológica o colisión entre ambos planeas. La que debe haber sido de no poco violentas consecuencias en la Tierra. De la cual además los hombres no podían dejarse de sentir influidos. Al inicio, los toltecas, una cultura mucho más antigua, veterana, mágica, sabia, matriarcal y pacífica, logró rechazar en repetidas ocasiones las incursiones bélicas de las primeras hordas protoaztecas, adoradoras de Huitzilopochtli, practicantes de sacrificios humanos e incluso del canibalismo ritual. Empero, tarde o temprano sucumbirían ante una naciente y disciplinada cultura guerrera, que llegaría a equipararse con el Imperio Romano. Tal como afirma Octavio Paz en su Laberinto de la Soledad, al comparar ambos imperios. Por cierto, los romanos también profesaban el culto a Marte. El parto de Rómulo, su fundador y primer monarca, habla de que este fue amamantado y criado por una loba, lo cual sin duda nos remite a su relación simbólica con el planeta de la guerra: Ares o Marte, como ellos lo nombraban. A los aztecas también les habló un día Huitzilopochtli, o Marte en la Quemada, Zacatecas, por boca de sus sacerdotes, prometiéndoles un vasto imperio así como numerosas conquistas  y triunfos en las batallas a cambio de miles de corazones humanos sangrantes de sus enemigos vencidos, ofrecidos en su honor. Entonces marcharon hacia el Centro de México, aplastando y sojuzgando a su paso a los pueblos toltecas.

En la Ilíada  se narra del mismo modo la lucha a muerte entre la diosa Atenea, correspondiente a Venus, o al Planeta del Dragón Rojo, y Ares o Marte, el Lobo o el Dios de la Guerra. Al inicio de la batalla en Troya, Atenea consiguió herir dolorosamente al Lobo con uno de sus proyectiles de fuego. Los ejércitos humanos, inspirados y auspiciados por los dioses o los planetas, se encontraban en un bando u otro respectivamente, enfrentados y dispuestos. Parecía que los troyanos, protegidos y patrocinados por Atenea o Venus, conseguirían derrotar y expulsar a los griegos. Helena y París conseguirían permanecer juntos y viviendo en paz. El fuego que arrojara el dragón con sus fauces sobre el lomo del lobo, le heriría casi a muerte. Más tarde, las intervenciones divinas o planetarias favorecerían a Ares o a Marte, dando la ventaja mortal y definitiva a estos últimos sobre los troyanos.

Los tiempos para los dragones dejarían de ser favorables del mismo modo que para sus amigos, simpatizantes y adeptos, con ello, éstos tendrían que proseguir su vida en las sombras: perseguidos, ocultos  y proscritos. El nahualismo tolteca como práctica mágica y espiritual se vería forzado a retirarse a la clandestinidad, de igual manera que muchos otros cultos paganos de diversas geografías y culturas, asociados con Venus. Ejerciendo sus rituales de cacería, magia, chamanismo y sexo en las sombras, al interior de cavernas, templos secretos, cofradías y lugares privados.

El dragón, si existe o si existió alguna vez, sería uno de los seres evolutivamente más perfectos. Poseería características y atributos de los seres de aire (las aves), del agua (los peces y anguilas), y de la tierra (serpientes, cocodrilos y saurios).

El hombre que lograse convertirse en amigo de uno de ellos y no sólo los combatiese y los matase, conseguiría armonizarse y aliarse con fuerzas equilibrantes de la naturaleza. Con el ser probablemente más perfecto de la evolución.

En suma, el hombre amigo del dragón, sea de uno de verdad o simbólico, lograría integrarse a sí mismo no sólo desde el punto de vista del intelecto y la razón (como predomina en Occidente), sino también con su parte sensual, erótica, mágica, sanadora, mística y onírica.

Soñar con dragones significa que se está cerca de descubrir nuevas dimensiones y ámbitos de uno mismo.

Si algún dragón apareciese en sueños, el soñante podría encontrarse al inicio de un sendero espiritual, en el camino de su verdadera madurez, de su integración e interiorización. Sin dividirse nunca más, viviendo como antes: únicamente en una dimensión aislada u otra: cuerpo, mente y espíritu de manera separada. Si no al mismo tiempo en todas.

 

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